Entre los objetivos de la visita del Santo Padre Benedicto XVI a nuestro país está el impulsar la nueva evangelización y con ello la misión continental permanente. Seguramente será un mensaje muy iluminador y que valoraremos mucho como líneas de acción para orientar todo el proyecto de la misión continental permanente en nuestra nación y Latinoamérica.

Sin embargo, el Santo Padre ya desde el inicio de su ministerio nos abrió un camino que conduce la vida pastoral de las comunidades. Me llama la atención las frases iniciales de su primera encíclica: al principio, en el hecho de ser cristiano, no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un advenimiento, con una persona, que da a la vida un nuevo horizonte y con ello la dirección decisiva (Deus caritas est N° 1). Estas palabras, definen brillantemente el corazón del mensaje del Papa y el hilo conductor de su magisterio. Me parece que con ello, el Papa quiere decirnos que en el origen de ser cristiano no hay una adhesión a una lista de valores o a una tradición cultural, a un paquete de dogmas ni a un cúmulo de ritos, pero sí al encuentro con una persona, con un advenimiento.

Esto sólo lo puede afirmar quien lo ha vivido y ha marcado su vida, orientándola a la felicidad plena y viviendo como un hombre nuevo; por ello el Papa nos sigue recordando permanentemente que la fe cristiana, en el marco de una fe sencilla como la de nuestro pueblo, es el encuentro con una persona viva y presente, con el protagonista de la historia, que viene al encuentro del hombre, lo atrae y lo fascina: es el encuentro con la belleza.

Hace unos cuantos días, en el marco de la visita pastoral a un decanato, pedí a un sacerdote y su equipo de laicos que nos compartieran su proyecto y experiencia de la misión permanente en su comunidad parroquial, con el fin de que las demás comunidades se enriquecieran. Ante más de cuarenta sacerdotes y miembros de consejos parroquiales, se presentó don Francisco y nos compartió con sencillez, serenidad, alegría y gran vehemencia su encuentro con Dios y el gozo de compartir esta experiencia en el visiteo misionero. Lo hizo sin manifestaciones de nerviosismo o de cohibirse ante tan selecto auditorio.

La pregunta que nos formulamos algunos de los presentes fue: ¿Qué impulsa a don Francisco a afirmar contundentemente que este, ser misionero, es su ser y quehacer en la iglesia y no lo dejará? ¿Quién lo motivó para entrar en un proceso de conversión como laico y padre de familia?

Una respuesta clara la podemos encontrar en las palabras del Papa, donde traza el perfil del pastor y donde hace un llamamiento a los hombres de Iglesia para advertir que muy difícilmente (se) podrá tocar los corazones mediante simples discursos o llamamientos morales, y menos aún a través del genérico llamamiento a los valores cristianos. El llamamiento valiente e íntegro a los principios es esencial e indispensable; sin embargo el simple enunciado del mensaje no llega al fondo del corazón de la persona, no toca su libertad, no cambia su vida. Lo que fascina es sobre todo el encuentro con personas creyentes que, mediante su fe, atraen hacia la gracia de Cristo, dando testimonio de él (Discurso a los obispos de Portugal, 13 de mayo de 2010).

Palabras desafiantes y enriquecedoras, que nos aclara el panorama de la misión y la convicción del misionero; palabras que nos muestran la valentía del Papa, que no importa la edad y la intensa agenda, se presenta como discípulo misionero en nuestro país para confirmarnos en la fe; que nos muestra como no hay obstáculos para quien ha tenido la fascinante experiencia del encuentro con Cristo. A todos igualmente nos fascina encontrarnos con personas creyentes como él, que viene a darnos su testimonio de Cristo. Seguramente mucho sucederá en nuestros corazones para bien de nuestra Iglesia mexicana.

Nos toca escucharle con atención porque nos confirmará en la desafiante propuesta de la nueva evangelización, y a continuar, como don Francisco, fascinando a tantos hermanos alejados del Evangelio y de una vida digna con el anuncio del amor de Dios; nos toca continuar tocando corazones con la proclamación de la palabra y con el testimonio de personas creyentes que fascinan por su experiencia de Dios, más que por sus retóricos discursos y que impulsan la misión como testigos del Evangelio. Nos corresponde tocar puertas, como el Papa que viene a tocar la puerta de nuestros corazones, la puerta del corazón de nuestra Patria.

Faustino Armendáriz Jiménez es Obispo de Querétaro. Esta colaboración fue enviada por la Comisión Episcopal Mexicana