El temerario francés Alain Robert escala el hotel Habana Libre en la capital cubana, sin cuerdas ni red de seguridad, el lunes 4 de febrero del 2013. (AP
El temerario francés Alain Robert escala el hotel Habana Libre en la capital cubana, sin cuerdas ni red de seguridad, el lunes 4 de febrero del 2013. (AP Foto/Franklin Reyes) (Associated Press)
LA HABANA (AP) Pura Felicidad. Al estilo de King Kong o el Hombre Araña, el temerario francés Alain Robert escaló el lunes el famoso hotel Habana Libre en la capital cubana, sin cuerdas ni red de seguridad.

Cientos de curiosos, entre turistas y locales, vitorearon desde calles y balcones mientras Robert iniciaba su ascenso del Hotel Libre, un edificio de 27 pisos que una vez fue el Hilton de la ciudad.

"Esto es pura felicidad", exclamó Robert con amplia sonrisa tras lograr su hazaña en 30 minutos.

"La escalada no fue complicada. Yo siempre supe que sería así. Quería complacer a los espectadores, sobre todo los niños que eran muchos, los oía gritar. Para mí es un estímulo tremendo, me empujan hacia arriba no hacia abajo", comentó el trepador a la prensa, hablando en francés.

Conocido como "El Hombre Araña" Robert, de 50 años y escasos 50 kilos para 1,64 metros de estatura, comenzó a trepar el edificio de 126 metros (413 pies) justo después de la una de la tarde, luciendo una camiseta blanca y pantalones de lycra negros. Media hora después llegó al último piso, donde se paró en equilibrio sobre la baranda del balcón y saludó a la gente con los dos brazos alzados en señal de victoria.

Robert no tiene ningún ritual o fetichismo para escalar.

"Lo principal es contar conmigo mismo, no con los demás. Yo no creo que si tengo algún problema me lo va a resolver un talismán", recalcó.

Para él lo importante son "sus manos" porque el éxito depende del "agarre".

Antes del intento, cuidadosamente se pone esparadrapo en cada dedo y en la cintura lleva colgado un bolsito con el polvo blanco de magnesia con el que cada tanto se retoca los dedos.

Lo demás, según Robert, depende de cualidades como "la flexibilidad, la ligereza", pero por encima de todo "la motivación y la mente", explicó apuntando la cabeza con un dedo.

"En lo que hago hay una gran determinación y también la realización de un sueño de niño, llevo 39 años haciendo esto, y aun cuando aquí no era difícil, lo importante es ser fiel a lo que siempre quise lograr, además comunicar y descubrir a la gente", manifestó el francés.

Cada dos o tres pisos, Robert se soltó los brazos y saludó a la gente. Haciendo señas con los brazos le pidió a la gente que lo aplaudiera. Cuando llegó al piso 15, se apartó un poco de la columna por la que estaba subiendo para saludar a unos trabajadores que se encontraban en un balcón. En el piso 20 tomó algo en una botella que le dio su manager, Claude Megève.

"Es un salvaje" exclamó Ernesto, un espectador. Mientras la mayoría de la gente exclamaba, "¡Está loco!".

"Hay que tener valor para hacer algo así, tremendo valor. Yo no creo que esté loco, sencillamente logró hacer algo insólito que le gusta, es de admirar", opinó Osmany Blanco, otro espectador.

Antes de comenzar su hazaña, Robert reconoció en una entrevista con The Associated Press que se sentía nervioso, no por la altura sino porque el edificio se encuentra en estado de deterioro, como muchos otros puntos de referencia de La Habana.

"Siempre es un poco difícil antes", dijo. "Pero después me siento increíble. Me siento renacido. Me siento libre".

Fuertes vítores lo acompañaron cuando empezó a escalar, y rápidamente había llegado al octavo piso. Turistas lo miraban desde la piscina del hotel y trabajadores de oficina le daban voces de aliento desde balcones cercanos.

Robert ya ha escalado estructuras mucho más altas, como la otrora Torre Sears de Chicago, el Empire State Building de Nueva York y el puente Golden Gate de San Francisco.

Hace dos años le tomó seis horas subir el edificio más alto del mundo en la actualidad, con 828 metros (2.717 pies), el Burj Khalifa en Dubai, aunque para ese ascenso sí usó algún equipo de seguridad.

Robert llegó la semana pasada a La Habana, donde estuvo esperando el permiso de las autoridades para realizar su proeza.

Cuba aprobó su acto y decenas de policías fueron desplegados el lunes para ayudar a mantener el orden. En otros países, Robert ha realizado a menudo sus hazañas sin pedir permiso y en ocasiones ha sido arrestado.

Justo antes de escalar, Robert estudió el edificio.

Aunque una caída probablemente le costaría la vida, el francés dijo que eso no lo intimidaba. Su única preocupación, indicó, era que la fachada de la torre no estaba en buen estado y que trozos podrían desprenderse.

"La estructura no está muy bien", dijo.

El hotel es uno de los edificios más emblemáticos de la capital cubana. Fue tomado tras la Revolución Cubana de 1959 y apodado "Habana Libre". Fidel Castro instaló allí brevemente sus oficinas personales tras su marcha triunfal a la capital.

Ascender el Habana Libre fue la primera hazaña de Robert en el año 2013. Ahora se propone realizar intentos similares en China y Polonia, Londres y París, donde precisó no volverá a escalar la Torre Eiffel, que ha subió dos veces.