Grupo de indígenas alrededor de un fuego sagrado participa en una ceremonia en el sitio arqueológico de Iximche en Tecpan, Guatemala, el jueves 20 de
Grupo de indígenas alrededor de un fuego sagrado participa en una ceremonia en el sitio arqueológico de Iximche en Tecpan, Guatemala, el jueves 20 de diciembre de 2012. Mientras la conclusión del calendario maya provocó una ola de especulaciones a través del planeta, muy pocos en esta zona maya creen que el viernes 21 de diciembre sería el fin del mundo. (AP Photo/Moises Castillo) (Associated Press)
IXIMCHE, Guatemala (AP) Cientos de personas se congregaron alrededor del fuego la madrugada del viernes. Poco a poco, se acercaban y esperaban las indicaciones de sacerdotes y líderes espirituales mayas que quemaban ofrendas, para dar inicio a un nuevo ciclo del calendario maya, de 5.125 años.

"Así lo hicieron nuestros antepasados, y es de esta forma que daremos inicio a una nueva era esperando el nuevo sol", dijo uno de los líderes, junto al fuego desde el cual se desprendía hacia el cielo una columna blanca del incienso lanzado a las llamas.

Desde la víspera, niños con sus padres y abuelos llegaron a las ruinas del parque arqueológico de Iximché, a 100 kilómetros oeste de la capital, para festejar con bailes y juegos el fin del ciclo de 5.125 años delineado en la Cuenta Larga del Calendario Maya, conocido como el 13er Baktun.

Sin embargo, ya en horas de la noche y madrugada, el tono de la celebración era reverente. Los líderes espirituales servirían como guías para que todos aquellos reunidos dejaran atrás el mal y se llenaran, según explicaron, de energías positivas para darle la bienvenida a una nueva era.

En canastos fueron sacando mirra y aventándola en la llama. Los sacerdotes se sentaron en los cuatros puntos cardinales conocidos como los "puntos del nagual". Después de bailes, los creyentes se hincaron en cada una de las direcciones y siguieron la invocación de los guías espirituales.

"Aquí todos somos hermanos. Todos aquí somos hijos de la luna y del sol", dijo el sacerdote.


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La celebración era sencilla e íntima, como lo había sido durante décadas evocando la época de la guerra civil que culminó en 1996, en la cual este tipo de celebraciones eran censuradas en sitios arqueológicos y la sociedad las consideraba ritos paganos.

Casi todas las personas habían viajado de pueblos aledaños para participar en la ceremonia religiosa.

Lejos de esta ceremonia, a 500 kilómetros en el departamento de Petén, miles de personas y artistas le dieron la bienvenida a la nueva era maya en un acto oficial en el cual participaron el presidente Otto Pérez Molina y la presidenta costarricense Laura Chinchilla.

En contraste con Iximché, el lugar más sagrado para indígenas kakchiqueles, los festejos en las ruinas en la selva del parque Tikkal fueron opulentos. Organizado por el Instituto Guatemalteco de Turismo, un escenario ubicado al lado de la pirámide con luces de colores y echaba humo. Una animadora, con un micrófono inalámbrico, invitaba a cada uno de los participantes.

De un lado al otro, bailarines ladinos vestidos como indígenas mayas, replicaron bailes milenarios para turistas que viajaron para presenciar la nueva era maya y despejar curiosidades sobre los rumores del fin del mundo.

La ceremonia le dio la bienvenida al 21 de diciembre, fecha conocida por la interpretación de que el calendario maya predispuso el fin del mundo.

Sin embargo, antropólogos y arqueólogos han rechazado esa idea.

Los mayas, que desarrollaron un calendario sorprendentemente preciso hace casi 2.000 años en el cual medían el tiempo en periodos de 394 años, conocidos como "baktunes". El decimotercer baktún termina alrededor del 21 de diciembre y el número 13 era considerado sagrado por los mayas.

Arqueólogos han descubierto glifos mayas que refieren fechas muy posteriores a este 21 de diciembre.

El Oxlajuj B'aktun en diciembre dio inicio a un ciclo nuevo de 5.200 años en el calendario maya.

Entre cantos y rezos en Iximché, la ceremonia culminó con la llegada de la mañana.

En el horizonte, detrás de los templos piramidales, fue subiendo el sol. Los sacerdotes pidieron bendecir a los "hijos del sol y de la luna" allí reunidos, algunos abrazados y otros tomados de las manos, para en el inicio del próximo ciclo del calendario maya.