Dos vícimas de un reciente atentado con explosivos en Irak son tratadas en un hospital de Bagdad el viernes 17 de agosto de 2012. Las autoridades informaron el mismo viernes que la serie de ataques del jueves 17 en varias partes de Irak dejaron al menos 93 muertos y numerosos heridos. (Foto AP/Karim Kadim) (Associated Press)
BAGDAD (AP) La ola de ataques con bombas y disparos que sufrió Irak la víspera dejó al menos 93 muertos y muchos más heridos, informaron el viernes las autoridades al conocerse con más precisión la magnitud de la violencia, en tanto los deudos comenzaron a enterrar a sus parientes.

Los ataques del jueves fueron los segundos más mortíferos en Irak en un día desde que se fueron las fuerzas estadounidenses en diciembre y fueron superados sólo por el saldo de una oleada de ataques coordinados el mes pasado.

El aparente propósito del recrudecimiento de la violencia fue generar temor entre los iraquíes y minar la fe de la población en las medidas de seguridad tomadas por el gobierno para el festivo religioso musulmán del fin de semana. El gobierno está regido por la comunidad chií.

"Al-Qaida quiere enviar el claro mensaje a los iraquíes de que los terroristas son todavía fuertes y capaces de lastimarlos pese a la enorme cantidad de dinero gastado en las fuerzas de seguridad iraquíes", expresó el legislador chií Hakim al-Zamili, que participa en la comisión de seguridad y defensa del Parlamento. "Los terroristas quieren decirle a los iraquíes que las fuerzas de seguridad son aún incapaces de protegerlos".

Las autoridades temían una agudización de la violencia al acercarse este fin de semana la festividad del Eid al-Fitr, que celebra el final del mes sagrado musulmán del Ramadán. El operativo de seguridad se ha reforzado para proteger a las multitudes que se concentran en lugares públicos, como mezquitas, parques y restaurantes para celebrar la ocasión.

Los ataques del jueves comenzaron de madrugada en el norte de Irak y terminaron con cruentas explosiones de bombas cerca de atestados mercados, restaurantes y heladerías poco antes de la medianoche.

Desde principios de agosto, más de 190 personas han muerto en actos de violencia en todo Irak, en una muestra de que los insurgentes encabezados por el grupo iraquí de Al-Qaida siguen siendo una fuerza letal, ocho meses después de que los últimos soldados estadounidenses abandonaron el país.

Nadie se ha atribuido de inmediato la responsabilidad de los ataques del jueves. Los atentados coordinados con bombas y disparos son la táctica favorita de la versión local de Al-Qaida, conocida como el Estado Islámico de Irak.

En el vecindario de Ciudad Sadr en Bagdad, decenas de personas pasaron el viernes por las calles con los ataúdes de parientes. Algunos dolientes sollozaban, mientras otras se consolaban exclamando "Dios es grande".