EL PASO - ¿Cómo ven si les negamos a los homicidas múltiples la atención tan ansiada por ellos?

Durante en mi carrera, he cubierto innumerables asesinatos masivos, con excepción de la matanza ocurrida en Newtown. Pero basta. A semejanza del público, me siento frustrado e impotente ante nuestra incapacidad como nación en impedir esta locura de asesinatos en masa.

Aunque dudo contar con una percepción extraordinaria acerca del debate sobre control en armas, inherente a estos incidentes.

Pero siempre me angustia el papel del periodismo en estas coberturas. Claramente, es un comportamiento en busca de atención y, desde luego, complacemos a estos asesinos.

Déjenme aclarar: dudo que la sicología de los homicidios múltiples sean suficientes para atribuirlos, simple y llanamente, al anhelo de llamar la atención.

(Y me molesta muchísimo cuando entrevistamos a sicólogos o sicólogas quienes especulan acerca del estado mental de una persona a quien jamás han auscultado).

Pero a mí me queda muy claro que esa atención es un estímulo para los asesinos o asesinas. Incluso quienes se suicidan o siguen matando hasta que un policía los aniquila, decidieron obviamente acabar cubiertos de infamia.

Creo que los periodistas deben esmerarse en aprender la eso de "quién" en cada reportaje que redacten.


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Pero aunque ocasionalmente algunas notas justifican la confidencialidad, creo que el flagelo de las matanzas masivas es un tema de gran presión para nuestra sociedad y donde exigen soluciones fuera de nuestro elemento.

La gran mayoría de los periodistas de los grandes grupos informativos deciden omitir los nombres de sobrevivientes de ultrajes sexuales, a menos que ellos y ellas quieran ser identificados. Incluso, en algunos casos, se omiten las identidades de menores de edad en la transmisión de las noticias.

En un reciente comentario cibernético (blog), resolví omitir el nombre de un culto ávido de atención y cuyos integrantes amenazaron con echar a perder el funeral de mi sobrino.

A veces, las circunstancias nos justifican al no mencionar nombres.

Cómo me gustaría que las organizaciones periodísticas cubrieran estas noticias sin mencionar los nombres de los asesinos. Es más, ayer hasta publicaron una identidad equivocada. ¿De qué sirvió? Nada más para causar la angustia de un inocente.

Qué tal si únicamente cubrimos el horror, las víctimas y el tema de seguridad pública? Omitamos la identidad del asesinato y psicoanálisis falaces. Si en un caso presentaron algunas cuestiones sobre enfermedades mentales y donde se requiera un examen, debemos analizar esos puntos sin alertar a esos enfermos que un rifle de asalto logrará que el mundo entero se entere de su existencia.

Seguramente es una sugerencia muy necia. Aun cuando los profesionales de la información actuaran al unísono y el nombre del aludido (aun cuando fuera la identidad errónea) fluyera en las redes sociales.

Con ello no quiero decir que no informemos que una de sus víctimas fue, en este caso, su propia madre, factor que, indudablemente, lo identificaría entre los lugareños.

Pero, de cualquier manera, se enterarían de boca en boca y mediante las redes sociales.

Ello requeriría comprometer un principio esencial del periodismo. Pero tal vez cierta flexibilidad en principios sentaría un buen ejemplo para los políticos renuentes en solucionar estas fallas en nuestra sociedad.

Steven Buttry es editor de transformación digital del grupo periodístico Digital First Media.

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Traducción: Marisela Ortega Lozano, mortega@elpasotimes.com; 542-6077