Mark Barden sostuvo la foto de su hijo Daniel Barden, de 6 años, una de las víctimas de la matanza ocurrida el pasado diciembre, en la Primaria Sandy Hook.
Mark Barden sostuvo la foto de su hijo Daniel Barden, de 6 años, una de las víctimas de la matanza ocurrida el pasado diciembre, en la Primaria Sandy Hook. A la izquierda fue captada su esposa, Jackie Barden. (Foto: Michelle McLoughlin/Reuters)
RALEIGH - Hace unas semanas, un joven de 14 años, con grandes ojos café y cabello al rape, me confesó escuchar cómo unas voces le ordenaban matar.

El día anterior a la matanza ocurrida en la Primaria Sandy Hook, el adolescente amenazó con quemar su casa y apuñalar a su familia entera, según dijo su mamá.

El jovencito, a quien llamaré Trevor, es un caso de suma gravedad y quien ya manifiesta incipientes síntomas violentos de esquizofrenia, una edad donde justamente surge esa enfermedad.

Sin tratamiento, este paciente representa una serio peligro para sí mismo y quienes le rodean.

Soy terapeuta para pacientes externos y atiendo primordialmente a niños y adolescentes vulnerables.

Trevor tiene derecho al sistema de salud Medicaid, pero la restricción de fondos, no sólo en Carolina del Norte, sino en el resto del país, significa mandar hacia la lona a jovencitos como él.

En el mejor de los casos, los recortes en las tasas de reembolso de costos se traducen en sesiones breves y restricciones en las consultas concedidas a los pacientes.

Y en el peor de los casos, se suprime la atención a los pobres.

Aunque Trevor está cubierto médicamente en materia de salud mental, la mayoría de los siquiatras del área se niegan a tomar esos casos en virtud a las ínfimas tasas de reembolso.

Incluso, tienen una lista de espera de dos a tres meses.

A Trevor le urge atención siquiátrica y no puede esperar durante meses.

El pasado octubre, cuando aumentó mi preocupación por Trevor, realicé docenas de telefonemas y, finalmente, logré fuera recibido por un siquiatra, cerca de su casa.

El facultativo, según me comentó la madre de Trevor, dedicó únicamente 15 minutos a su vástago.

El facultativo le diagnosticó trastorno compulsivo obsesivo, evitó recetarle medicamentos y recomendó consultas semanales conmigo.

Con base en mis conocimientos sobre Trevor, 15 minutos son insuficientes para reunir la información necesaria para establecer un diagnostico.

Según lo que me dijo Trevor el pasado diciembre, ideación homicida, esas confesiones garantizaban, en materia jurídica y ética, el ser canalizado hacia la sala de urgencias.

En Carolina del Norte, así como en otros estados de la Unión Americana, escasean las camas de hospitales para atender a personas enfermas mentales en crisis.

Se da preferencia a las dolencias físicas y a las lesiones; y quienes son víctimas de trastornos mentales se quedan estancadas en las salas de espera.

Trevor fue atendido cinco horas en el área de urgencias y lo devolvieron a su casa con instrucciones de comunicarse con el personal de salud mental para adolescentes, el día siguiente.

Su madre no pudo comunicarse con ningún integrante de ese equipo medico, según me dijo la progenitora.

Para los profesionistas en materia de salud mental y quienes ejercen en Carolina del Norte, el 2013 significa otro año de restricciones a las tasas de reembolso por concepto de Medicaid, cuyas cifras han declinado gradualmente desde el 2008.

En este país, hay un claro patrón de violencia dirigida hacia grupos de inocentes, a manos de jóvenes a quienes se les ha negado una atención de calidad, muy necesaria para ellos según lo advirtieron sus maestras y maestros, padres de familia y terapeutas.

Alyx Beckwith, establecido en Raleigh, Carolina del Norte, es terapeuta titulado.

Traducción: Marisela Ortega Lozano, mortega@elpasotimes.com; 542-6077.