En esta foto del 10 de diciembre de 2008, se ve al conocido arquitecto mexicano Eugenio Velázquez hablando en Tijuana, México. Velázquez espera sentencia
En esta foto del 10 de diciembre de 2008, se ve al conocido arquitecto mexicano Eugenio Velázquez hablando en Tijuana, México. Velázquez espera sentencia en San Diego por intentar pasar más de cinco kilos (12 libras) de cocaína por la frontera con Estados Unidos. (Foto AP) (Uncredited)
SAN DIEGO, California, EE.UU. (AP) Eugenio Velázquez no se ajusta al estereotipo de persona desafortunada, sin educación, subempleado que suelen tener quienes pasan droga para los carteles mexicanos de narcotráfico por la frontera con Estados Unidos.

Este hombre con ciudadanía tanto mexicana como estadounidense pertenece a la clase acomodada de Tijuana, igualmente cómodo en ambos lados de la frontera. Vive en un modesto barrio suburbano de San Diego y tiene una próspera carrera como arquitecto de algunos de los más prominentes edificios de la frontera mexicana en la última década, incluyendo la nueva catedral, una expansión del Centro Cultural de Tijuana y las oficinas de la policía.

Velázquez, de 51 años, espera sentencia el lunes en San Diego por intentar introducir unos 5,8 kilos (12,8 libras) de cocaína a Estados Unidos por un carril especial para conductores preseleccionados como confiables. Un perro entrenado para olfatear droga alertó a los inspectores que encontraron cinco paquetes en la batería de una camioneta Nissan Quest de 2005 en el puerto de entrada de San Ysidro en San Diego.

¿Por qué un reconocido arquitecto en la cima de su carrera arriesgaría tanto?

Velázquez le escribió la semana pasada al juez federal de distrito de Estados Unidos Thomas Whelan que los criminales lo amenazaron con matar a su familia en San Diego y Tijuana en caso de rehusarse.

"Temor e incertidumbre son los peores consejeros que uno puede tener", escribió.


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"Te paralizan y uno comete estupideces porque tu mente se confunde".

Para mover cocaína al norte, los cárteles mexicanos usan "mulas" (personas que transportan pequeñas cantidades de droga) para introducir pequeños paquetes de droga en los compartimentos de un vehículo o en sus cuerpos para burlar a los inspectores estadounidenses en la frontera con México. Muchos de estas personas son jóvenes, pobres y sin dirección, desesperados por conseguir unos cuantos dólares. Tan solo en los cruces fronterizos de California, los inspectores incautaron hasta 86 toneladas de marihuana, 7 toneladas de cocaína y 4 toneladas de metanfetaminas durante el año fiscal de 2011.

"Eugenio Velázquez no es el típico acusado detenido en la frontera", escribió al juez Jeremy Warren, el abogado de Velázquez.

Nacido en Estados Unidos, criado y educado en México, el profesor universitario, católico devoto, ha desarrollado 400 proyectos residenciales, comerciales o de otro tipo durante 30 años de carrera, durante la cual que también fungió como presidente de la Asociación de Arquitectos de Tijuana un periodo. Sus trabajos van desde prácticos parques industriales para corporaciones multinacionales a las afueras de Tijuana hasta algunos de los lugares más reconocidos de la ciudad.

Zeta, un periódico local en Tijuana conocido por investigar el crimen organizado, llamó a Velázquez el personaje cultural del año de 2008. Ese año, abrió el Centro Cultural de Tijuana conocido como "El Cubo", una estructura de 9 millones de dólares que alberga grandes exhibiciones artísticas.

Según los documentos interpuestos por su abogado en el tribunal, el declive de Velázquez empezó con un proyecto para diseñar la fachada de un rancho. El arquitecto, temeroso por la violencia causada por el narco, aceptó la oferta de su cliente de que proporcionaría seguridad personal al cruzar la frontera entre su casa y el trabajo. El acuerdo parecía funcionar tan bien, que Velázquez le recomendó a otro amigo que quería protección.

Luego, el cliente que no fue mencionado en los documentos demandó a los hombres pagar 40.000 dólares o pasar drogas por la frontera. Lanzaron una moneda al aire para determinar quién transportaría las drogas y Velázquez perdió. El arquitecto tuvo que dejar su camioneta para que fuera cargada y el 4 de marzo recibió la llamada.

Velázquez, quien se declaró culpable en junio a un cargo de importación de sustancias controladas, ha suscitado poca simpatía por parte de las autoridades estadounidenses.