Una semana antes del cambio de mando, el gobierno federal comenzó la instalación de barreras metálicas en un perímetro de varias cuadras alrededor de la
Una semana antes del cambio de mando, el gobierno federal comenzó la instalación de barreras metálicas en un perímetro de varias cuadras alrededor de la Cámara de Diputados del Congreso, donde Enrique Peña Nieto, del PRI, tomará posesión el sábado (Associated Press)
MEXICO (AP) El primer presidente de oposición de México elegido democráticamente comenzó su día de toma de posesión con un desayuno con niños de la calle y lo terminó con fuegos artificiales, una jornada festiva que debía anunciar una nueva era brillante para el país.

Seis años después, la entrega del poder fue caótica debido a una elección controversial que se definió por escaso margen; hubo intercambio de golpes en el Congreso y el podio del lugar fue ocupado por legisladores de izquierda.

El sábado, la fuerza política que gobernó durante décadas el país vuelve a la presidencia en un ambiente de poca fastuosidad pero de extraordinarias medidas de seguridad.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresa sin drama al poder mientras intenta sustituir su historia de represión y corrupción por una nueva imagen de eficiencia tecnocrática.

Una semana antes del cambio de mando, el gobierno federal comenzó la instalación de barreras metálicas en un perímetro de varias cuadras alrededor de la Cámara de Diputados del Congreso, donde Enrique Peña Nieto, del PRI, tomará posesión el sábado.

El nuevo gobernante pronunciará después un discurso ante la nación desde el Palacio Nacional, un inmueble cuya construcción data de la era colonial. Peña Nieto almorzará luego con un grupo reducido de huéspedes prominentes, incluido el vicepresidente norteamericano Joe Biden, en el Castillo de Chapultepec, ubicado en lo alto de una colina en el parque más grande de la Ciudad de México.


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No se erigieron gradas, no se programaron desfiles y no hay comidilla sobre cuál será el diseñador de la ropa de la nueva primera dama.

La mesura, según expertos, tiene como propósito aplacar cualquier inquietud que pudiera suscitar el regreso del partido que ejerció control casi total del país durante 71 años, que terminaron en el 2000 con la elección del presidente Vicente Fox, del Partido Acción Nacional.

"Este parece ser el tono de Peña Nieto", dijo Federico Estévez, profesor de ciencias políticas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. "La noche de su triunfo, dio un discurso apagado, sombrío, medio solemne y realmente sin alegría. Parece que algo semejante se ha planeado para la toma de posesión", agregó.

Se suma a la falta de emoción popular el profundo desencanto hacia casi todos los partidos políticos de México, el desgaste a causa de la violencia que desató la ofensiva de seis años contra el narcotráfico que dispuso el mandatario saliente Felipe Calderón y el recuerdo amargo de la parálisis política que derivó de la disputada elección de 2006.

"Cuando Fox llegó al poder hubo mucho furor; hubo una verbena popular, pero ahora la situación es muy distinta y no se sienten muchas ganas de celebrar, sobre todo por lo que el actual gobierno ha hecho con la guerra contra el narco", dijo Roberto Rodríguez, de 47 años y quien trabaja para una firma financiera.

Incluso la oposición parece asumir la línea de la moderación.

A pesar de sus críticas estridentes hacia el refuerzo de la seguridad alrededor de la Cámara de Diputados, el principal partido de izquierda se ha comprometido a no tomar el podio y no tiene previsto movilizaciones multitudinarias como las que paralizaron un sector del centro de la Ciudad de México hace seis años.

El Partido de la Revolución Democrática había anunciado el martes su disposición a firmar esta semana un pacto con Peña Nieto para la aprobación de reformas legislativas, pero el dirigente del mismo se retractó poco después ante protestas internas.

El Partido Revolucionario Institucional parece bastante consciente del resentimiento que persiste en torno a las afirmaciones en su contra sobre supuesto fraude en las elecciones del 1 de julio y trato preferencial a la candidatura de Peña Nieto por parte de Televisa, el imperio de medios de comunicación más poderoso de México.

Ese resentimiento es particularmente alto en la Ciudad de México, el bastión de la izquierda en el país.

"Al PRI no le conviene hacer tanto escándalo porque el pueblo no está conforme con ese presidente. Ellos saben que no ganaron a la buena y saben que provocarían a la gente si hacen mucho alboroto", dijo la ingeniera bioquímica Tania Nicolás, de 24 años, mientras almorzaba en la capital.

El PRI ha controlado cualquier impulso de sus partidarios de celebrar abiertamente el triunfo de Peña Nieto, dijo René Torres Ruiz, analista político y profesor de ciencias políticas en la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. "Hay una cierta conciencia entre los priistas que más allá de ser un momento histórico y significativo e importante para México, en términos de echar las campanas al vuelo y celebrar su triunfo ellos saben que hay ese ambiente de desconcierto y cierto desazón en la clase política y en un amplio sector de la población".