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JUAREZ.- Es mediodía de un miércoles y más de 80 hambrientos y juguetones niños se reunen alrededor de las mesas de un comedor infantil en un vecindario marginado de esta ciudad.

Para algunos de ellos, el plato con frijoles, papas y una tortilla de harina será la primera, o quizá la única comida del día, hasta mañana, cuando volverán otra vez para ser alimentados en "El Refugio", un comedor infantil en la colonia Carlos Chavira.

En los últimos seis años, un promedio de entre 80 a 100 niños son alimentados diariamente por Maribel Chávez García, una mujer de 34 años, que fundó "El Refugio" en 1996 después de casi perder a su hija de 3 años luego de que un perro Pitbull la atacó dañando sus órganos internos.

"Agarré a mi hija (Dávida) y me la llevé al hospital. El doctor me dijo que se iba a morir", recuerda Chávez García. "Me dijo que era mi culpa, que ella se iba a morir porque yo no sabía cuidarla, que no era una buena madre. Me dijo que le pidiera perdón a Dios y que de una vez fuera a buscar un ataúd porque ella se iba a morir".

En el momento del incidente, Chávez García, una madre de seis hijos y su esposo eran adictos a la marihuana, la cocaína y "el agua celeste", un inhalante muy popular en Juárez. Todos vivían en un cuarto precario y los padres solían poner a los hijos a tocar la guitarra y a cantar para obtener dinero para drogas. Cuando ocurrió el ataque del pitbull, Chávez y su hija Dávida estaban tocando puertas pidiendo dinero.


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Contra todos los pronósticos medicos, Dávida empezó a recuperarse después de tres días en coma. Chávez García tuvo entonces un sueño que cambió su vida.

"La mesa que yo tenía era una tabla con unos botes. Y yo soñé muchos niños comiendo en la tabla de la mesa", dijo Chávez García. Ella pensó que el sueño era un signo de que debería hacer algo para agradecer a Dios por la vida de su hija. Sin embargo, la idea del comedor no nació de ese sueño.

"Solo pasó", dijo.

Maribel Chavez Garcia reparte pan a los ninos del comedor infantil El Refugio
Maribel Chavez Garcia reparte pan a los ninos del comedor infantil El Refugio (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
"Un día los hijos de la vecina vinieron y me pidieron agua caliente para hacerse una sopa instantánea. Yo había hecho sopa de pollo y la compartí con ellos. Los niños vinieron al día siguiente y el siguiente, y de repente otros niños empezaron a venir".

En un principio, ella compartió la comida que el doctor de Dávida le traía, pero poco después, Milton Gibs, co-pastor de Centro Familiar Los Olivos, la visitó y le trajo comida, platos y otras cosas. Después de la visita de Gibs, otras personas empezaron a contribuir a lo que todavía era un improvisado comedor infantil.

"Un amigo me contó del comedor infantil", dijo Gibs, quien se sintió conmovido por la pobreza y la necesidad que vió en el vecindario. "Empezamos a traer comida y después empezamos el proyecto de construcción (para ampliar y mejorar el área donde estaban)".

Actualmente, el comedor infantil está en el primer piso de una casa de dos pisos que ha sido construída con la ayuda de la congregación Cristiana de El Olivo. En el segundo piso vive Chávez García y su familia. La casa está ubicada a un lado de la Escuela de Mejoramiento Social para Menores en Juárez.

"El (Gibs) vino y se sorprendió de ver tantos niños comiendo en el piso", recordó Chávez García. "Empezó a venir, primero nos trajo donitas y vasos de plástico, al día siguiente nos trajo ropa, platos y otras cosas. Empezó a venir con otras personas que nos ayudaron también con dinero o comida".

Poco a poco, con la ayuda e involucramiento de otros padres y de personas de la comunidad de Juárez y de El Paso, el comedor infantil creció. Recientemente, han empezado a alimentar a adultos mayores también.

Francisco "Pancho" Javier Sanchez cocina voluntariamente para los niños. Su esposa, Jesús Márquez, trabaja en un hotel en Juárez, de donde ella recoge las latas de aluminio para ganar un ingreso extra. Con ese dinero ellos colaboran con 50 pesos diarios para pagar por el gas.

Jesús Olmos, un empresario de 60 años propietario de una imprenta en Juárez, ha ayudado al comedor infantil en los últimos cuatro o cinco años con una aportación semanal de 600 pesos.

"Cuando fui para allá y vi tanto niño comiendo afuera del cuarto porque el espacio no era suficiente, decidí ayudarlos", dijo Olmos. "Yo espero que más gente los ayude, porque lo que ella (Maribel) hace es muy bueno y muy poca gente en la ciudad hace ese tipo de cosas".

En El Paso, Angélica Kuehnen, miembro de "Helping Hands", una organización caritativa de mujeres de Fort Bliss, supo de "El Refugio" cuando fue a Juárez y leyó una historia sobre el comedor en un periódico local.

"Siempre hemos ayudado a gente que lo necesita", dijo Kuehnen. "Me encontré con los miembros del club y les conté sobre la señora Chávez y el comedor infantil y ellas donaron $500 dólares. Con ese dinero compramos arroz, frijoles, latas y un montón de comida que llevamos".

Kuehnen está trabajando con el club para obtener otra donación para El Refugio y comprar una cafetera, una olla eléctrica y otras cosas que la cocina necesita.

"Normalmente no damos dinero", dijo Kuehnen. "Compramos las cosas y las llevamos a Juárez. Hay mucha necesidad allá".

Jesús, un niño de 8 años, va diariamente a El Refugio. Su madre, una ex drogadicta, es parte de la gente que ayuda a cocinar y servir a los niños.

"Yo hay veces que no almuerzo y hay veces que sí; hoy me vine sin almorzar porque no había", dijo. "Cuando mi mamá se drogaba me quedaba todo el día sin comer, pero ahora ya no se droga".

Chávez García es ahora miembro activo de la congregación El Olivo y normalmente le pide a los niños rezar y cantar para agradecer a Dios antes de cada comida.

A pesar de todas las bendiciones que recibe, la necesidad es enorme, dijo. Recientemente, perdieron el abasto diario de tortillas que recibían de la Escuela de Mejoramiento Social para Menores, lo que significa que ahora deben preparar tortillas de harina todos los días y eso es más caro. También necesitan un tanque de gas más grande porque el que ahora usan es de solo 10 kilos. Como no tienen un vehículo, necesitan pagar a otras personas para recoger los donaciones que reciben.

"Me gustaría que no nos faltara bendición para seguir, estamos muy felices en este lugar y yo le pido todos los días a mi padre Dios que no nos falte comida", dijo Chávez García, quien está absolutamente convencida que Dios tiene una misión para ella. "Cada vez que veo a mi hija, se que Dios me la dejo por un razón".

Lourdes Cárdenas puede ser contactada en lcardenas@elpasotimes.com; 546-6249

Ale Giacomán es una estudiante de periodismo del Tecnológico de Monterrey y es pasante en SomosFrontera.com