EL PASO - Ya dejó de ser un trámite engorroso el renovar la licencia de manejo en Texas.

Los cuates esos del Departamento de Seguridad Pública en Texas cuentan ya con lo último en tecnología, donde tu firma coincide con tu nombre, sin esas sandeces digitales.

Ahí tienen ustedes que fui a las oficinas para renovar mi licencia, en mi mero cumpleaños.

Los de mi edad olvidamos que todos esos trámites pueden efectuarse sencilla y fácilmente desde la comodidad de una computadora portátil, sin necesidad de esperar en interminables filas.

Bueno, las colas no estaban tan mal justo al mediodía. Tardé unos cuantos minutos en llenar el formulario en donde uno asegura estar aún en condiciones de manejar.

En El Paso, mejor deberían someter a prueba a todos aquellos menores de 25 años. (Cada año, hasta que de veras maduren).

Creí que renovar la licencia sería pan comido, al carecer de antecedentes penales.

Cuando me multaron la última vez, el agente motociclista dijo que me había excedido en el límite de velocidad, en plena zona escolar, dos horas después del timbrazo para anunciar la hora de salida.

(Ni modo, compa).

Luego, en el formulario preguntaron si era víctima de alguna dolencia que me dificultara el manejar.

Siendo todo un campeón de la verdad, les conté acerca del ataque cerebral que casi me quita la vida, a mediados de los noventa, y del susto que me llevé cuando me dio un ataque cardiaco, hace dos años.

Llené el cuestionario y me senté a ver el programa The Price is Right (Atínale al Precio), en la ruidosa televisión colocada en la sala de espera.

El fulano frente a mí desoyó los cuatro llamados para que acudiera ante el mostrador (qué suerte), así que fui ante la empleada, quien me preguntó acerca de las cuestiones médicas del formulario.

La señorita le restó importancia al ataque o a la cirugía cerebral que me costaron perder los privilegios al volante, durante un año.

Pero me dieron nervios cuando me interrogó acerca del ataque cardiaco:

Ella: entonces, ¿cómo estuvo?

Yo: me dio un ataque al corazón.

Ella: ¿dónde?

Yo: en el trabajo.

Ella: hummmm ¿está tomando medicamentos?

Yo: tres.

No tuve corazón para decirle a la amable empleada que yo mismo manejé rumbo al hospital, en plena autopista, mientras el pecho me ardía como lumbre.

Habló con su supervisor y, después, llenó otro formulario para el expediente. (Bueno).

Pagué los 25 dólares requeridos, le di las gracias a la empleada y salí con un permiso temporal.

Bien pudo haberme deseado "feliz cumpleaños", pero no.

(Como diría mi amigo Fred, qué le hace).

Nada más una preguntita:

¿Por qué las fotos en las licencias se ven como si fueran fichas para delincuentes? No importa cuánto te esfuerces por posar normalmente, siempre acabas con mirada torva y aspecto patibulario.

Ramón Rentería puede ser localizado en rrenteria@elpasotimes.com; 546-6146.

Traducción: Marisela Ortega Lozano, mortega@elpasotimes.com; 542-6077.