Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las
Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las drogas y el crimen (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
›› Fotos: Pastor Pedro Martin Nunez
CIUDAD JUAREZ.- El pastor Pedro Martín Nuñez no esconde los tatuajes en sus brazos. En su trabajo, dijo, son una llave que abre puertas a veces de forma extraña.

Al ver los tatuajes, el ex pandillero Luis Ávila casi termina peleando con Nuñez al pensar que había reconocido al miembro de una pandilla rival. En vez de llevar a una riña, los tatuajes fueron el tema de conversación que eventualmente condujo a Avila a unirse a la fe cristiana.

Los tatuajes de Nuñez son estampas permanentes de toda una vida de vicios, violencia y encarcelamiento. De sus 36 años de vida, ha pasado 21 tras las rejas.

La vida de Nuñez en la prisión empezó cuando tenía dos años, cuando su madre ingresó al viejo Cereso entre las calles Oro y 16 de Septiembre - por matar al padre de Nuñez a puñaladas.

Nuñez tuvo una infancia inusual dentro de la prisión. Su madre, al igual que su difunto padre, era una adicta. Su abuelo, también preso, vendía drogas en el penal y el niño en lugar de ir a la escuela entregaba pastillas y otras drogas a los clientes de su abuelo. A los nueve años, probó las drogas por primera vez.

A los 10 años salió de la cárcel para reingresar a los 16. Sus varios delitos incluyeron el homicidio.

"Las mismas raíces o maldiciones que había en mi familia estaban cayendo también sobre mí", dijo. "Prácticamente estaba siendo envuelto por el mismo monstruo que los tenía agarrados a ellos".

Los años en prisión dejaron huellas indelebles en su piel, como esos tatuajes que para él ahora no son una vergüenza o un tormento, sino más bien instrumentos indispensables para su actual misión personal.

En los últimos quince años, Nuñez se ha dedicado a intentar transformar las vidas de otros prisioneros, pandilleros y adictos, un grupo demográfico que se encuentra en la raíz de los problemas sociales de la ciudad y al que, como pocos, Nuñez tiene la capacidad de alcanzar.

Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las
Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las drogas y el crimen. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)

Nuñez, un hombre de estatura baja, constitución robusta y ojos verde sucio que le ganaron el apodo El Gatito , opera un albergue, templo y comedor en la Colonia Morelos en Zaragoza. Su área de trabajo principal es en el suroriente de la ciudad, una zona conocida hoy en día por sus problemas de pandillerismo y la ausencia de infraestructura básica como escuelas y hospitales cercanos.

Ahí ofrece un espacio a personas que necesitan un lugar para dormir, comer y buscar paz espiritual. Cada fin de semana acuden alrededor de 60 personas a su templo "Unidos por la Cruz", la mayoría ex presidiarios, ex pandilleros y ex adictos.

Además de sus sermones, Nuñez dirige reuniones familiares dos veces a la semana en las que imparte un curso de valores desde el ahorro económico hasta la valentía y la tenacidad.

Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las
Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las drogas y el crimen. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
En su colonia, Nuñez también responde seguido al llamado de vecinos y miembros de su congregación que quieren que hable con jóvenes en riesgo o con problemas de pandillerismo o adicciones en una especie de intervención.

Nuñez dice que 40 por ciento de su congregación vive en la zona; el otro 60 por ciento consta de gente que viaja desde rincones opuestos de la ciudad para orar con él.

Alguien que inspira el cambio

Para gentes con un pasado atormentado, Nuñez representa una historia de éxito.

Luis Ávila, el ex pandillero, dijo que Nuñez se ha vuelto en un ejemplo para él. Hace dos años cuando lo conoció, Ávila acababa de ser deportado de Estados Unidos después de pasar 10 años en prisión. Estuvo en pandillas, como la Mafia Mexicana en Arizona, desde los 11 años de edad.

Al llegar a México, pensaba obtener un arma y robar autos. En vez, conoció a Nuñez y decidió cambiar.

"Él te hace pensar", dijo Ávila. "Si él puede cambiar, yo también puedo seguir ese camino. Si él puede salir, yo también puedo".

Armando Barrón, ex presidiario, pastor y director del albergue para jóvenes y niños La Vid, dijo conocer detalladamente las circunstancias de las que Nuñez proviene. Barrón estuvo preso en una cárcel federal, donde conoció al abuelo de Nuñez, y más tarde a su madre. Fue un desafío para Nuñez cambiar el rumbo de su vida, dijo.

"Conmueve y está tremendo el testimonio de él, lo que vivió en la cárcel tan muchacho y lo que sufrió.

Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las
Después de pasar más de la mitad de su vida en prisión, el pastor Pedro Martin Nuñez intenta ayudar a otros a evitar el infierno que el vivio con las drogas y el crimen. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
 Yo estuve en las drogas pero no crecí en la prisión como él", dijo. "Yo me maravillo, yo veo lo que Dios hizo en este muchacho".

Nuñez salió de la prisión a los 10 años pero fue poco el tiempo que pasó en libertad sus delitos para obtener dinero y drogas lo llevaron a la escuela de mejoramiento juvenil 17 veces. A los 16 años, fue juzgado por primera vez como adulto y regresó al Cereso, por un año y medio.

La prisión fue como un juego para Nuñez hasta su tercer encarcelamiento a los 19 años, cuando regresó por homicidio calificado. La noche de su cumpleaños, un antiguo rival lo retó: el que se quede dormido primero muere. Después de una noche de alcohol, Nuñez ganó y mató al otro joven. En un intento por ocultar la identidad del joven, Nuñez destrozó su cráneo a golpes con un ladrillo de concreto.

"Yo siempre he creído que estaba pero endemoniado porque una persona normal no hace eso", dijo. "Al crecer dentro del penal con toda esa gente sin escrúpulos y sin sentimientos, yo también fue una persona igual, con un corazón frío".

Un tribunal lo sentenció a 14 años en el Cereso, donde comenzó a consumir cocaína y heroína. Durante ese tiempo apuñaló a otro joven y regularmente asaltaba a los pequeños distribuidores de droga dentro de la prisión. Su sentencia aumentó a 18 años y medio.

Su comportamiento le atrajo enemigos por todas partes y en una ocasión, por una cuenta pendiente, un atacante lo apuñaló seis veces en la espalda, los brazos y las piernas. Estuvo tres meses paralizado y pasó casi todo un año en recuperación. Carga las cicatrices hasta el día de hoy.

Nuñez dijo que su vida se volvió insoportable e intentó quitarse la vida en dos ocasiones. A los 21 años, en su momento más oscuro, Nuñez se enteró que su madre había muerto de una sobredosis.

Fue en ese momento en el que conoció a un hombre de fe cristiana que inyectó en su mente una frase: "Cristo te ama y puede cambiar tu vida".

Y fue esa frase la que le salvó la vida cuando intentó quitarsela por tercera ocasión. Parado sobre un lavamanos, con una soga en su cuello, se preguntó si realmente la fe podía cambiar su vida. Y eso intentó hacer.

Eventualmente le permitieron regresar a vivir a las áreas comunes, donde conoció al grupo cristiano dentro de la prisión Los Aleluyah, como Nuñez les llama que terminaron de encaminarlo hacia una vida de fe. Buscó trabajo dentro del penal. Dejo las drogas. Pago deudas con quien las tenía.

Volviendo a vivir

Nuñez sirvió como un puente para alcanzar a los internos más peligrosos y más adictos el hecho de que alguien como Nuñez pudiera cambiar su camino fue la inspiración necesaria para que otros internos buscaran lo mismo.

"Fui como el gusano en el anzuelo para que muchos vinieran hacia el Señor", dijo.

Surgieron proyectos más ambiciosos, como construir un área de rehabilitación. Nuñez negoció con el director del penal para que le permitiera acceso a otras áreas de la prisión para evangelizar. A cambio, Nuñez le ayudaría a presentar historias positivas de rehabilitación a los medios. Fue en un sermón en el área de mujeres que conoció a su esposa y juntos se convirtieron en pastores.

Nuñez salió de prisión hace ocho años por buen comportamiento y llegó a su actual domicilio en Zaragoza, donde antes sólo había dos cuartos de adobe, justo a lado de unas casas vacías que servían de picadero y donde su esposa solía vender drogas.

Los dos cuartos se convirtieron en un edificio de dos pisos que ahora sirve de comedor, dormitorio y templo. Nuñez tiene un centro de rehabilitación en otro domicilio y, en la casas vacías donde antes los jóvenes se drogaban, Nuñez ahora está construyendo un centro de atención para niños abandonados y jóvenes en riesgo.

Nuñez dijo que ahora usa su experiencia para prevenir que los jovenes sigan un mal camino, y para demostrarles a los que ya lo siguieron que pueden salir.

Además de tener tres hijos con su esposa, Nuñez ha abierto la puerta a tres jóvenes a vivir con él. Sugey, de 19 años, solía vender drogas y ahora está por graduarse con un título en psicología y una maestría en educación. Luis, de 18 años, era un joven adicto a las drogas que hace tres años vive con Nuñez y ahora está por graduarse de la universidad. También se hace cargo de Brian, de 11, quien fue abandonado por sus padres.

Nuñez dijo que con ellos trata de responder a las necesidades emocionales que él mismo tuvo cuando era joven.

"En mi caso no tuve mi padre que me dijera, tienes que luchar por tus sueños, tienes que ser importante. Ahora como padre entiendo que mis hijos deben escuchar esas palabras", dijo.

Hoy en día Nuñez viaja por todo México y Estados Unidos dando conferencias a ex pandilleros, pero en Ciudad Juárez, su tarea sigue siendo un desafío. El problema de las adicciones, dijo Nuñez, empezó a acentuarse desde que las drogas que antes viajaban para su venta exclusiva en Estados Unidos empezó a quedarse en la ciudad. Actualmente es impulsado por la pobreza, la desintegración familiar, y acelerado por la actual ola de violencia.

Teresa Almada, directora de la organizacion civil Casa Promocion Juvenil, dijo que Ciudad Juárez tiene una gran necesidad de personas que se interesen por lo que viven los jóvenes y busquen acercarse.

Y aunque opinó que sólo es necesario tener una inquietud genuina por sus problemas, Almada dijo que la experiencia y testimonio de alguien que ya pasó por situaciones de pandillerismo y adicciones como Nuñez puede servir de mucho al conectar con los jóvenes.

"No creo que debe ser el perfil de la gente pero si ayuda mucho porque aquellos que provienen de pandillas si tienen cierto liderazgo", entre otros jóvenes en riesgo, dijo. "Puede servir de mucho a otros jovenes ver a otra persona que de alguna manera ya pasó por ello y tiene mucho que decirles".

Barrón, quien tiene una historia de transformación espiritual similar a la de Nuñez, dijo haberlo invitado un número de veces a predicar en su ministerio. Su testimonio siempre impacta tanto a jóvenes como adultos, dijo, porque experiencias como la suya y la de Nuñez ahora sirven para rescatar a jóvenes como lo eran ellos.

"A mí me hablaron muchos psicólogos y no les entendía lo que me decían, pero un loco como Martín me habló de la manera más sencilla del peligro en el que estaba y que había alguien que me amaba", dijo. "Oiga, eso impacta a cualquiera que esté en la mismas circunstancias en las que nosotros anduvimos".

Por su parte, Nuñez busca constantemente rescatar en otros al joven perdido que una vez fue. En sus sermones intenta comunicarle a su congregación el mensaje que él, como ellos, necesitó y nunca recibió.

"Primero es darles el amor que ellos necesitan", dijo. "Segundo es que recuperen los sueños que un día tuvieron. Y tercero, que recobren la dignidad que han perdido. Son puntos básicos pero muy importantes que la gente necesita".

Alejandro Martinez Cabrera puede ser contactado en a.martinez@elpasotimes.com