(Jesus Alcazar / Somos Frontera)

CIUDAD JUÁREZ - Don Esteban Urquiza Marez, de 69 años, le agradece al gobierno federal por el pequeño cuarto y la nueva reja que le construyó gratuitamente el año pasado, en su propiedad.

La colorida estructura, de unos 16 metros cuadrados, que contrasta con la apariencia de su frágil casa de bloques de concreto en la colonia Plutarco Elías Calles, se convirtió en la nueva habitación de uno de sus tres hijos. La reja color verde brillante sustituyó a la anterior cerca, hecha de alambre oxidado.

Pero las condiciones de vida no han mejorado, ni en su casa ni en su vecindario. Para demostrar la gravedad de la situación, Urquiza muestra el interior de su refrigerador: sólo dos tortillas duras y algunos granos de arroz cocido.

"Hay mucha pobreza. No tenemos con qué pagar el agua o la luz", dijo.

El año pasado, representantes del gobierno federal visitaron algunas de las colonias más pobres de Ciudad Juárez para ofrecer reparaciones domésticas como parte del programa Todos Somos Juárez, donde se han inyectado millones de pesos en la ciudad con la intención de reparar el tejido social, según dijeron las autoridades federales.

El programa Todos Somos Juárez fue creado por decreto presidencial en el 2010, a raíz de la matanza donde perecieron 16 personas, jóvenes en su mayoría, en el fraccionamiento Villas de Salvárcar, en enero del 2010.

Al viajar por las calles de terracería del poniente de la ciudad se pueden apreciar docenas de pequeñas estructuras naranjas, azules y verdes regadas por todo el panorama de anexos habitacionales gris y café, convertidos en el sello distintivo de la inversión del gobierno federal en la zona.

Otros moradores, como Urquiza, agradecen la ayuda del gobierno, pero al igual como los matices de la pobreza arrasan con los vívidos colores de los cuartitos, algunos luchadores sociales ven la construcción de estos anexos como el ejemplo perfecto de las inversiones del gobierno federal en Ciudad Juárez: con alta visibilidad, pero sin la capacidad de remediar a largo plazo la pobreza extrema o el desempleo que yacen en el corazón de los problemas de la ciudad.

Como parte de Todos Somos Juárez, el gobierno federal formuló 160 compromisos para mejorar las condiciones de la ciudad. El sitio del programa lista la mayoría como proyectos concluidos.

Uno de los compromisos era reparar cinco mil viviendas en zonas marginadas. Según la última actualización del sitio del programa en octubre del 2010, 500 casas habían sido rehabilitadas, 1,840 acciones continuaban en curso, y mil más estaban pendientes.

Laurencio Barraza, secretario ejecutivo del Consejo Ciudadano por el Desarrollo Social, dijo que es cierto que el gobierno ha cumplido con la mayoría de sus promesas si las tareas se evaluaban bajo los propios parámetros del gobierno.

Todos Somos Juárez tenía el propósito de mejorar la calidad de la educación, empleo, salud e infraestructura en la ciudad, pero muchos como Barraza han criticado el programa por lo que ven como su incapacidad de generar cambios de fondo.

Barraza dijo que los anexos habitacionales, por ejemplo, benefician indudablemente a las familias con varios integrantes, pero han hecho poco por arreglar o disminuir los problemas padecidos por muchos de sus moradores.

Estas unidades "son de entrada una mejora relativa", dijo. "Pero en el mediano plazo, esto no le ayuda a la gente a gestionar su vida. Esos son los factores que debemos desarrollar para crear las condiciones para que la población progrese".

Urquiza, quien describió a su colonia como "derrotada", dijo que la necesidad más urgente es el trabajo. Los últimos cuatro años trajeron violencia generalizada a cada esquina en la ciudad, pero también altas tasas de desempleo.

Urquiza, quien cumplirá 70 años después de la Navidad, lleva ya ocho años sin trabajar.

Sólo uno de sus tres hijos actualmente tiene trabajo, y teme quedarse desempleado a fin de mes: no firmó un contrato, al igual que en otros trabajos temporales que sus otros vástagos han perdido.

Para Urquiza, el nuevo cuarto y la reja no fueron sus primeras opciones al decidir qué reparaciones pedir para su hogar. Cuando representantes del gobierno federal lo entrevistaron sobre sus necesidades, él ya tenía una larga lista.

Las obras de construcción de la carretera Camino Real, un proyecto de desarrollo urbano que atravesará la ciudad, hicieron temblar las casas en el vecindario donde vive Urquiza.

Además de reventar tuberías y crear goteras en los techos, los temblores fracturaron las paredes y expusieron el interior de la casa a las corrientes de aire. Urquiza, quien está enfermo de los pulmones, tiene que vestir tres chamarras todo el tiempo. Su familia usa la estufa para generar calor.

Los representantes del gobierno federal le dijeron que no podían ayudarle con esos problemas, pero podían obsequiarle el cuarto adicional y la reja. La habitación fue construida en un día, y no era perfecta. Urquiza tuvo que poner cemento en el techo porque goteaba. Su hijo quema lo que puede en una lámina de metal que guarda en el cuarto para calentarse.

Urquiza dice que los mismos problemas se sufren en otros hogares en la colonia muchos de los cuales cuentan con las mismas habitaciones construidas por el gobierno federal.

"La colonia está muy caída; no hay ayuda. Muchas (casas) carecen de techo o bardas, y hacen falta", dijo.

Barraza dijo que se requiere una inversión más estratégica para realmente enfrentar los problemas de los vecindarios del poniente de la ciudad.

El gobierno federal "dice 'abatimos la pobreza extrema por medio de la construcción de estas viviendas, pero la gente no tiene otra condición de vida distinta, económica o socialmente", dijo. "Solamente tienen un cambio en su vivienda, y es importante, pero que ya hayan atravesado el límite de la pobreza extrema, eso no es cierto. Se siguen exponiendo y no tienen seguridad social".