¡Saaaaaaaluuuuudddd! Universal

El 9 de agosto del presente año, Felipe Calderón Hinojosa dijo en Ciudad Juárez: “Ahora, cada chihuahuense tiene un seguro médico que lo protege y le da derecho a tener médico, medicinas, tratamiento y hospital cuándo y cómo lo necesite.”

Me cuesta trabajo creer lo que dijo. Es más sé que no es verdad.

Tres días después del anuncio de Salud Universal en Chihuahua, mi padre murió por un cáncer en la garganta mientras era atendido en una clínica del Seguro Social de la Capital del Estado. Esto obligó a mi familia a estar muy pendiente de la salud de papá.

Las primeras tres semanas se fueron en trámites y estudios previos para que pudiera tratarse con quimioterapia, en la clínica del Seguro y por medio de un servicio subrogado recibiría radioterapia en una clínica particular donde también presta sus servicios el mismo oncólogo que lo atendió en el Seguro. ¿Cobraría dos veces por ver al mismo paciente? No lo sé.

El caso es que las últimas dos semanas, tuvimos que ver la manera de montar una guardia de 24 horas para cuidar y atender a mi padre, pues el personal de enfermería no se daba abasto para cuidar ni con la calidad ni calidez necesaria a tantos pacientes.

Después de haber estado ahí, me doy cuenta de que no es falta de voluntad o vocación del personal, simplemente que no es humanamente posible atender a tantos pacientes con personal tan limitado.

Diez días después del anuncio del Presidente, todavía no tenía las cenizas de mi padre cuando mi suegro también tuvo que hospitalizarse en la Clínica 6 del Seguro Social, mejor conocida en Juárez como “El Seguro Viejo”. De nueva cuenta a estar próximos y pendientes de la salud de un familiar. Estar ahí, hace más que evidente que lo que promete el Presidente Calderón es una falacia.

Las notas de los diarios y los testimonios que viajan de boca en boca, podrían también demostrar que las palabras de los discursos demagógicos están muy lejos de la realidad cotidiana. Por mencionar algunas de las cosas que atestigüé. El silencio. La falta de información. Llegan heridos y familiares desesperados pues ante el dolor del ser querido parece que no existe mayor prioridad que la propia. La manera en que el personal del hospital atiende esta situación es diciendo lo menos posible. “Espere al doctor”, “pregunté allá”, “sí, en un momento lo veo” y “¿qué le dijeron?”, son muchas de las frases que evitan informar sobre el estado de salud del paciente... cómo si la consigna fuera no informar.

El espacio es insuficiente. En la sala de urgencias, las camas no alcanzan, así que después de un rato la atención se hace en sillas y si continúa llegando gente se le acomoda en el piso. En ocasiones los gritos de dolor terminan por dar el toque necesario para una escena dantesca. El personal es insuficiente y se coordinan tan mal como el gobierno federal y municipal en acciones policiacas.

A mi padre insistían en darle pastillas contra la presión alta a pesar de que perdía sangre y su presión había disminuido alarmantemente.
A los dos días de que mi suegro ingresó al hospital recibió tres cambios de dieta y tres diagnósticos diferentes, que iban desde el intestino doblado, hepatitis, piedras en los riñones hasta el apéndice, esto último asusto mucho a un médico jovéncito pues se quedo sin diagnóstico al ver la cicatriz de mi suegro, precisamente de cuando le sacaron el apéndice. 

Los médicos especialistas son forzados a jornadas extenuantes de trabajo, atendiendo demasiados pacientes, al grado que cuando llega su hora de salida, y sabiendo que no les pagarán horas extras pues dejan su labor y en muchas ocasiones los pacientes y familiares se quedan esperando a que alguien interprete el resultado de los estudios que les mandaron a hacer con urgencia.

Peor aun si se cruza el fin de semana. Por qué es en la noche, cuando alguna enfermera dice “no, el doctor ya no vendrá hasta el lunes”. Entonces la palabra urgencia adquiere una nueva dimensión, pues la ignorancia de no ser médico y el enfermo que en ocasiones se queja por el dolor y en otras por el hambre hace que la desesperación se convierta en frustración, pues no se sabe que hacer y nadie dice algo.

Los médicos de guardia sólo procuran que el paciente no se les muera en ese momento y es que cualquier decisión los hace responsables de su consecuencia. No queda más que esperar el lunes a que el especialista o médico de cabecera venga a ver a su paciente.

Nunca hay quien sepa lo que sucede en una clínica del Seguro. Nadie sabe si habrá reactivos para el laboratorio, medicina en la farmacia, o si hay personal para los exámenes de rayos X o sonogramas, si habrá quirófano o si el especialista visitará a sus pacientes.

Nadie sabe y eso no permite que los pacientes entiendan cuál es la situación de su salud ni que los familiares puedan organizarse para cumplir con sus compromisos laborales y personales.

Mientras visitaba a mi suegro conocí a un tipo que tenía 15 días en el hospital, esperando una operación pues le habían roto la mandíbula en un asalto. Hablaba, comía, caminaba y todo lo podía hacer bien, pero ocupaba su cama del hospital mientras esperaba su turno de poder ser operado. Los pacientes también son sometidos a esa forma no muy digna de estar en el hospital. Con el traje abierto por atrás y con un baño que tienen que compartir con otros 50 pacientes.

Baja la moral caminar frente a otros pacientes y sus familiares enseñando el culo y en ocasiones arrastrando o cargando bolsas de suero y medicamentos.
En fin, la lista de evidencias que demuestran lo irreal de lo que propaga el Presidente es enorme, y es que además el Seguro Popular tiene menos recursos que el Seguro Social.

Yo creo que la única manera en que se podría tener un buen servicio de Salud Universal, sería que los diputados y funcionarios públicos demostrarán que democráticamente no se sienten ciudadanos de primera y que, al ser todos iguales ante la ley, ellos también se sometieran a ser atendidos en el Seguro Social o en el Seguro Popular.

Entonces, apuesto mi cabeza a que, entonces sí se canalizarían suficientes recursos a la Seguridad Universal en Salud y tal vez, sólo tal vez, el mundo de los políticos y el de la ciudadanía podría coincidir.

Hernán Ortiz es Docente Investigador en la UACJ y es director de la Organización Ciudadanos por una Mejor Administración Pública.
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