Click photo to enlarge
Adilene
JUAREZ – En el albergue para huérfanos y niños maltratados Agua Viva, Adilene de 11 años guarda sus pocas pertenencias en un mueble grande que comparte con otras siete niñas.

Ahí ella tiene un pequeño álbum de fotografías con imágenes de una familia en Kansas que viajó a Juárez hace unos años para adoptarla. En las fotos aparecen una mujer que sonríe junto a un bebé, un niño que abre un enorme regalo de Navidad, y un hombre de mediana edad con anteojos y bigote sentado en una habitación de hotel junto a Adilene.

Dos fotografías muestran una habitación vacía dentro del hogar de la familia de Kansas con paredes amarillas, alfombra rosa, un juego de cama blanco y un edredón con colores pastel.

"Este es mi cuarto", dijo Adilene. Pero Adilene no sabe que esa habitación ya no existe.

La pareja de Kansas, quienes pidieron no ser identificados, decidieron adoptar a Adilene cuando tenía ocho años. Mañana lunes cumple 12. El proceso de adopción, que en México hoy en día toma entre 6 y 10 meses para completar, se prolongó por casi tres años y dejó a la pareja económica y emocionalmente exhausta. El año pasado abandonaron la adopción.

A pesar de que algunos expertos en adopción concuerdan en que México no es el país con mayores dificultades para adoptar – de hecho, algunos creen que México actualmente tiene la mejores condiciones para adoptar en su historia reciente – su sistema de adopción presenta complicaciones como una burocracia difícil de navegar, la ausencia de una política nacional sobre la adopción y un lento proceso para transferir la custodia de un menor.

Y es posible que la pareja de Kansas atravesó por todas.

La historia de Adilene

Por los últimos cinco años Adilene ha vivido en el albergue Agua Viva, en donde unos 70 niños actualmente residen. El albergue se encuentra en un humilde vecindario en el poniente de la ciudad, entre casas construidas con bloques de concreto y calles inclinadas sin pavimento que miran las montañas de El Paso desde lejos. Ahí, los niños duermen en literas, juegan fútbol soccer en un angosto patio pavimentado y toman turnos para almorzar (el comedor es pequeño).

Las niñas más pequeñas le dicen "papá" al voluntario de 22 años Jonathan Ornelas y "abuela" a la directora del albergue Hortensia Segura Silva. Algunos niños conocidos por escaparse de los albergues dicen nunca quererse ir. Muchos de los niños en el albergue se encuentran bajo la custodia del estado.

Sólo unos pocos son candidatos para la adopción – como Efrén, un travieso de 10 años que sabe dar vueltas de carro y "splits" pero no puede recordar a qué edad o por qué razón terminó en un albergue. O Iliana de 13 años, la mejor amiga de Adilene, cuyo hermano menor hace poco fue adoptado. Iliana nunca tuvo la oportunidad de despedirse.

Adilene
Adilene (Jesus Alcazar/ Especial Somos Frontera)

Por su parte, Adilene empezó su vida en los albergues de la ciudad cuando tenía siete años. Su madre solía dejarla a ella y su hermana menor solas en la casa – a veces por medio día, a veces desde que amanecía hasta que oscurecía – hasta que alguien reportó la situación como un caso de omisión de cuidados.

La historia de Adilene no es muy distinta a la de la mayoría de los niños viviendo en los albergues de la ciudad, quienes se encuentran bajo la custodia del estado por casos de abuso, negligencia o abandono.

Y al igual que en esos casos, los oficiales del sistema del Desarrollo Integral de la Familia, o DIF, primer o intentaron reintegrar a Adilene con su familia inmediata.

Por algún tiempo Adilene fue a sesiones de visitación, en las que los niños juegan o ven películas en una recámara con un espejo polarizado. Del otro lado, los parientes de los niños tienen la oportunidad de observarlos y, al igual que otros niños que viven en albergues, Adilene sabía que su madre estaba del otro lado. Un día, sin embargo, su nombre dejo de aparecer en la lista de visitaciones. Ella no sabe qué ocurrió con su madre pero sin mucho aviso de repente ella y su hermana se encontraron en la lista de adopción. Adilene fue transferida a Agua Viva mientras que su hermana permaneció en el albergue Granja Hogar, para menores entre los 0 y 4 años. Años después se enteraría que su hermana fue adoptada. Adilene estima que hoy en día tendría unos 6 años.

Si los niños no pueden ser reintegrados con su familia inmediata o extendida y son colocados en la lista de adopción, entonces deben pasar por un largo – y frecuentemente criticado – proceso judicial para entregar la custodia de los menores al estado. Lo primero que los oficiales del DIF intentan es encontrar padres adoptivos para los menores dentro de sus comunidades.

Juan Martín Pérez, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México, aseguró que la intención es preservar la herencia cultural del niño, por lo que una adopción internacional es usualmente la última opción.

Marina Armendares Fontaine, directora del Centro de Orientación para la Adopción, dijo que existen muchas familias en México con el deseo de adoptar, y que muchos niños pequeños frecuentemente encuentran un nuevo hogar dentro de su país – como en el caso de la hermanita de Adilene. Sin embargo, muchos mexicanos aún no están dispuestos a adoptar niños mayores de 6 años o que sufren de alguna discapacidad.

Muchos expertos en adopción concuerdan en que es difícil para estos niños encontrar una nueva familia dentro de su país. Para tales niños – niños como Adilene – la adopción internacional es quizás su mejor opción.

La pareja de Kansas

La pareja de Kansas conoció a Adilene en la la Navidad del 2007 durante un viaje a Juárez para hacer reparaciones en albergues de la ciudad. Y algo ocurrió cuando conocieron a Adilene. Sintieron que ella era la única niña en prestarles atención cuando visitaban. Adilene los buscaba para que la observaran mientras andaba en bicicleta. La pareja, ya mayores de 50 años, han visto a sus dos hijos crecer y comenzar sus propias familias. Su economía era estable. Su intención con ese viaje a Juárez no había sido buscar un niño para adoptar, pero al final de su visita decidieron llevarse a Adilene a casa.

"Había como una gravitación entre nosotros", dijo el hombre. "Nuestros corazones conectaron con el suyo, y su corazón conectó con el nuestro". Según algunos expertos en adopción, el proceso en México no es particularmente complicado comparado con otros países.

Pero Jackie Semar, directora ejecutiva de la agencia de adopción Fundación Internacional del Niño, comentó que casi ninguna adopción internacional es un proceso simple.

Según cifras del Departamento de Estado de los Estados Unidos, el número de menores mexicanos que han sido adoptados por familias estadounidenses ha disminuido desde el 2008. El año pasado, 52 niños mexicanos fueron adoptados, un descenso de 72 en el 2009 y 105 en el 2008. La caída se debe en parte a algunos cambios que han ocurrido en cuanto al proceso de adopción internacional.

En abril del 2008, la Convención de la Haya – un convenio internacional que da prioridad a las adopciones nacionales y busca proteger a los niños del tráfico de menores – tomó vigencia en los Estados Unidos, requiriendo que cualquier adopción internacional entre países partícipes se conduzca a través de una agencia de adopción autorizada.

Casi ninguna nueva adopción entre México y Estados Unidos fue procesada entre el 2008 y finales del 2009, cuando la primera agencia de adopción en cumplir con los requisitos de la Convención de la Haya obtuvo sus certificaciones por parte de los gobiernos de ambos países. Aún después de eso, el número de adopciones se mantuvo bajo debido a los límites de procesamiento de la agencia. Apenas este pasado mes de julio, la Fundación Internacional del Niño que dirige Semar se convirtió en la segunda agencia en obtener su certificación para tomar casos de adopción de México.

La situación con el actual clima de violencia en el país quizás también haya desmotivado a algunos padres americanos de intentar adoptar en México.

Hasta hace casi un año, cualquier familia estadounidense que quisiera adoptar a un niño mexicano tenía que viajar hasta el consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez para obtener la documentación de inmigración final para el menor. Por la seguridad de los padres potenciales, la ubicación fue cambiada a la Embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México en octubre del año pasado. Pero además de estas circunstancias, el proceso de adopción en México tiene sus propias complicaciones particulares.

Según Karen Smith Rotabi, profesora asistente de trabajo social en la Universidad del Commonwealth de Virginia, algunos recientes escándalos que han ocurrido en torno a la adopción internacional en Latinoamérica – los cuales han tenido en su centro incidentes de robo y tráfico de menores – han conducido a muchos países a vigilar con extremo cuidado sus procesos de adopción.

Las autoridades en México aseguran que cualquier complicación en el proceso es el resultado de precauciones necesarias para resguardar la seguridad y el bien de los menores. Sin embargo, Rotabi opinó que la meta debería ser que el proceso sea seguro pero no excesivamente agobiante o desalentador para las familias extranjeras interesadas en adoptar.

"Yo siento que México tiene una burocracia tremenda", dijo Rotabi. "Su sistema no es el problema, pero sí necesita ajustes". Al entrar al Convenio de la Haya, aseguró, "algunos sistemas que ya eran bastante burocráticos se volvieron aún más".

Pérez dijo que no existe una política en México que regule la adopción a nivel nacional, por lo que cada estado debe decidir cómo llevar a cabo el proceso. Según Pérez, en el estado de Chihuahua, donde no existe una ley formal que defina el proceso de adopción, el resultado es que con cada cambio de administración estatal y municipal entran nuevos oficiales con distintas perspectivas sobre el proceso.

Armendares Fontaine aseguró que esta inconsistencia a nivel nacional crea confusión en las ramas a nivel local del DIF y dijo que que es necesario mejorar el proceso legal a través del cual se le retira la patria potestad a los padres o tutores de un niño.

Dicho proceso tiene la reputación de alargarse y a veces previene que los menores encuentren pronto un nuevo hogar.

Para la pareja de Kansas, muchas de estas complicaciones fueron más que claras.

La adopción de Adilene

Cuando la pareja se reunió con personal del DIF por primera vez, las noticias parecieron ser buenas: una representante de la oficina les dijo que podrían tener a Adilene con ellos en Kansas en un espacio de seis semanas después de que entregaran la documentación inicial. La pareja entregó el papeleo dos meses y medio después y manejó 15 horas para llegar a Ciudad Juárez. Cuando llegaron, la representante del DIF que habían conocido ya no trabajaba ahí. El nuevo personal parecía no conocer nada sobre su caso y los envío de vuelta a casa con las manos vacías.

Representantes del DIF nacional no respondieron a correos electrónicos pidiendo información, mientras que los representantes de esa institución en Ciudad Juárez tampoco estuvieron disponibles para comentar sobre el caso.

En los meses que siguieron, el señor de Kansas viajó a Ciudad Juárez varias veces para reunirse con representantes del DIF, incluyendo una ocasión en la que voló durante una tormenta de nieve. Durante ese tiempo la pareja se mantuvo en contacto con Adilene cada mes, enviándole frecuentemente ropa y regalos de cumpleaños.

Adilene recuerda haber ido al patio de un McDonald's con la pareja y haber pasado una Navidad con ellos en el Hótel Lucerna.

En Kansas, la pareja incluso preparó una habitación para ella – la que aparece en el álbum de fotografías de Adilene. Un día la pareja pensó que por fin se podría llevar a Adilene a Kansas. Obtuvieron custodia temporal de la niña y recibieron la documentación por parte de las autoridades mexicanas para sacarla del país. Pero algo faltaba.

"Teníamos todos los documentos para sacarla de México, pero no pudimos porque ella no tenía nuestro apellido", dijo el hombre de Kansas. "Nos dijeron que los papeles del DIF no significaban nada".

En aquella ocasión Adilene se quedó con ellos por cuatro días. Eventualmente tuvieron que regresar al albergue. Cuando llegaron, la pareja no se bajó del vehículo; ya había sido bastante difícil llevarla de regreso. Pero ella tenía una última cosa que decirles.

"En esa ocasión nosotros viajábamos con un intérprete y me dijo 'ven, ella quiere decirte algo' Me dijo,

Un muro de ladrillo

Los meses se volvieron años y el proceso de adopción parecía no tener fin. Los representantes del DIF parecieron irritarse cuando la la pareja contrató a un abogado local para ayudarlos con su caso.

La pareja dijo que el personal de la oficina amenazó con desechar el caso si su abogado no dejaba de llamarlos. Al llegar el 2010, la pareja había gastado 12,000 dólares en gastos de viaje, traducciones y renovaciones de sus estudios de casa y pagos a las autoridades migratorias que los autorizaban a adoptar a un menor. Al parecer el asunto de la custodia de Adilene aún no había sido resuelto, por lo que la pareja comenzó a llamar a las oficinas del DIF para preguntar si su caso ya había aparecido ante un juez.

No ocurrió, y siguieron llamando. Una vez más les pidieron esperar. Finalmente, la pareja de Kansas decidió el verano pasado que ya no podía más. Renunciaron al proceso de adopción.

"Era como si la tenían justo afuera del alcance de mis manos. La hubiera adoptado, pero ya había chocado contra un muro de ladrillo", dijo el hombre de Kansas. "Dos años y medio después de haber empezado, teníamos que detenernos. Teníamos que dejarla continuar con su vida".

Una vez que el proceso terminó, según la pareja, los oficiales del DIF de ese entonces los culparon por el resultado. Había sido su culpa por no hacer lo que debieron hacer. Para cerrar con broche de oro, les dijeron que nunca podrían volver a solicitar la adopción de Adilene.

Según Semar, el intento de la pareja por adoptar a Adilene tuvo dos problemas principales. Primero, intentaron adoptarla en un momento en el que México estaba en transición hacia los procesos requeridos por la Convención de la Haya.  "Parecería que, y no es por echarles a ellos la culpa, pero el momento que eligieron quizás no fue el mejor", opinó. "Cuando hay un cambio en cuanto a cómo un país regula la adopción, van a existir retrasos".

En segundo lugar, Semar dijo que entre más abiertas estén las familias a un amplio rango en cuanto a los niños que estén dispuestas a adoptar, más fácil será el proceso. Entre más específica sea su petición, más complicado se vuelve.

"Esta familia conoció a la menor primero y luego surgió el deseo de adoptarla", dijo. "Es lo contrario a la manera en la que la Convención de la Haya se supone que debe funcionar, y lo contrario a la manera en la que el Departamento del Estado sugiere que la gente debe adoptar". Agregó: "Termina siendo menos desencanto. De lo contrario, la familia está en ascuas, se agota emocionalmente, y el niño es el que entiende menos lo que está pasando".

Un vínculo irrompible

El día de hoy las paredes de la antigua habitación de Adilene son de otro color; otra cama está en su lugar. La pareja está planeando vender su casa y mudarse a un lugar más pequeño. Su casa de dos pisos les queda grande a ellos dos.

Mientras tanto, Adilene comenzó la secundaria. Aún no decide si quiere ser chef o detective cuando sea grande. Por algún tiempo la pareja y Adilene no se comunicaron. Ellos temían que Adilene los odiara. Se preguntaban si los oficiales del DIF le avisaron que la adopción no llegaría a su fin.

Pero el 14 de febrero, la pareja recibió una carta del día de San Valentín de Adilene. En ella, Adilene les decía que los amaba y los extrañaba. Y hace unos pocos días, recibieron un correo electrónico en el que Adilene les decía hola, los extraño, ustedes aún son mi familia.

Adilene dijo que la pareja de Kansas le respondió. Le dijeron que la amaban y que oraban por ella.

"Tenemos que confiar que el Señor tiene otros planes para ella", dijo el hombre de Kansas. "Aún la amamos hasta la muerte. La extraño. Pero ella está allá y yo estoy aquí".

Alejandro Martínez-Cabrera puede ser contactado en noticias@elpasotimes.com