La violencia en México sube de tono. El ataque en Monterrey, torpemente calificado de “terrorista” por el presidente Calderón, es un claro ejemplo de los alcances del crimen organizado.

Y digo que fue una torpeza, porque si bien lo acontecido es algo que genera terror, eso no significa que califique dentro del concepto de ataque terrorista, por la simple razón de que no lo es. Se trató de una acción malévola de la delincuencia que nada tiene que ver con reivindicaciones políticas, ideológicas o religiosas.

Que nuestro Presidente haya dicho que se trató de un ataque terrorista puede tener implicaciones internacionales graves que van desde la huida de inversión de empresas extranjeras, cuyos estatutos prohíban tener actividades comerciales en países donde haya actividad terrorista, hasta la posibilidad de incursiones militares en nuestro territorio de parte de potencias extranjeras que se consideren amenazadas.

Hay que recordar lo que Estados Unidos hizo en Medio Oriente, particularmente en Afganistán, so pretexto de sentirse amenazado por terroristas. La escalada de violencia viene a confirmar que la estrategia de Calderón ha sido un rotundo fracaso.

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Sin embargo, achacarle al Presidente toda la responsabilidad de lo que estamos viviendo es injusto. Los gobernadores, los presidentes municipales, y sus secretarios de Seguridad Pública y procuradores de Justicia son directos responsables del problema, al igual que los empresarios e instituciones financieras que custodian los intereses económicos de la delincuencia organizada.

El poder económico de las mafias mexicanas es lo suficientemente grande como para seguir corrompiendo a sus perseguidores. Es absurdo cometer el mismo error una y otra vez hasta el infinito. Necesitamos combatir el poder económico de las mafias y cerrarles el paso. El dinero es el instrumento que les permite corromper, armarse, crecer, huir y defenderse.

Nuestras Fuerzas Armadas están dando una colosal batalla sin los recursos y apoyos indispensables. Cada vez se hacen más visibles los focos rojos dentro de nuestro Ejército. Los síntomas de la llamada “fatiga de combate” se repiten con mayor frecuencia en el territorio nacional.

Nuestros soldados son sometidos a fuertes presiones físicas, sicológicas y morales. Se nos olvida que son seres humanos con familias y necesidades que deben ser satisfechas. Es preciso mantener la moral y el espíritu de cuerpo de nuestro Ejército.

Es tiempo de que su comandante en jefe atienda esas necesidades y, por la vía de la reciprocidad, corresponda a su indiscutible lealtad. El fracaso de Calderón le abre una oportunidad para la reivindicación.

Los expertos estiman que tomará una década resolver nuestro problema de violencia y que se requiere construir una solución de largo plazo sobre bases sólidas. Para ello, es necesario que nuestro Presidente claudique en tareas de jefe de su partido, saque las manos del tema electoral, se ponga el traje de estadista y construya una alianza con los líderes de la oposición, los de las iglesias, los empresarios y demás actores sociales en aras de trazar esa estrategia de largo plazo que tanto necesitamos.

La tarea se antoja difícil.

Nuestro primer mandatario no quiso hacer más alianzas que las electorales. Creyó erróneamente que el poder presidencial se ejerce a través de dar órdenes a gente incondicional.

Su falta de oficio político lo llevó al aislamiento y hoy tiene dificultades hasta para lograr el apoyo de su partido. Los tiempos electorales están a la vuelta de la esquina y las ambiciones rebasan la prudencia.

Si Calderón renuncia a ser un competidor en la sucesión presidencial y manda señales inequívocas de ello, es todavía posible que adquiera la credibilidad suficiente para hacer un esfuerzo extraordinario y logre la gran alianza que se necesita como punto de partida para la solución del problema. 

Si tiene éxito le dará la vuelta al sexenio y los mexicanos de varias generaciones reconoceremos y agradeceremos su aporte y hombría de bien.
Si continúa por su ruta, pasará a la historia como un político terco, protector de monopolios, irascible y mediocre cuyo paso por la Presidencia dejó una estela de más de 40 mil muertos.

¿Cuál será su elección?


eduardo@eduardo-sanchez.org