Tal parece que como un bebé pasó de unos brazos a otros, de los de su madre a los tuyos y te empieza a desesperar que su actitud no cambie. Tú comprendes que tu pareja adore a su madre, pero que no pueda vivir sin ella, que deba consultarle cada cosa que hace, que te compare con ella y, lo peor de todo, que le dé prioridad a las cosas de ella, que a las de ustedes como pareja, es demasiado.

Algunos le llaman mamitis, otros le dicen inmadurez, pero estas son dos cosas distintas aunque en muchas ocasiones se reflejan de formas parecidas.

La llamada mamitis es un apego exagerado hacia la madre que tiene que ver con varias cosas no superadas de manera sana desde la infancia y la adolescencia, cuando se dan los principales momentos de separación de los padres. Un hombre con mamitis tiende a ver en ella el soporte de su vida, es la que le da estructura, y la que le proporciona la confianza, es decir, el hombre busca la aprobación de su madre a toda costa más allá de la aceptación de los demás, por ello es un excelente hijo, trata de cumplir con todas las cosas que ella le pide, se da una especie de “portarse bien para ser aceptado”, aunque él ya esté casado y tenga su propia familia.

En los casos de mamitis, estos señores no tuvieron una separación bien realizada desde la primera infancia que se da en promedio entre los tres y siete años.

Advertisement

En esta etapa, el pequeño aprende que la madre, que hasta ahora ha sido el objeto principal de su amor, no es una pareja para él y deberá esperar a la adultez para conseguir su propia pareja; es lo que se llama complejo de Edipo. Si el niño crece con este sentimiento de posesión hacia la madre tendrá muchas complicaciones para ver en otras mujeres a su pareja, ya que ninguna estará a la altura de su progenitora y, por tanto, ninguna lo gratificará emocionalmente como requiere: de manera incondicional, como lo hace su mamá.

Por otra parte, la inmadurez no tiene que ver con el complejo de Edipo, aunque se parece, en este caso los hombres se vuelven extremadamente dependientes de su madre porque su educación ha sido castrante y los ha invalidado en muchas áreas, las cuales no desea o no cree tener capacidad de desarrollar, como ser autosuficiente en atenderse a sí mismo y procurarse bienestar. Los inmaduros son hombres que no quieren crecer porque es más como ser “pequeño”, ya que así algún adulto es el que le resolverá la vida, así como los conflictos que ésta conlleva y que son justamente los que hacen madurar a la persona.

Lo que un inmaduro hace es pasar de una relación dependiente de su madre a una igual con su mujer, si antes la madre le resolvía desde la ropa limpia, la comida y hasta las finanzas, buscará una mujer que haga lo mismo, que lo atienda, lo cuide y lo saque de problemas, siempre teniendo una actitud de buen niño, de desprotegido o bien, de víctima de las circunstancias, es el tipo que pasa de decir que la maestra le tiene mala voluntad a que el jefe abusa de él.

La adolescencia es la segunda etapa donde los padres y madres deben aprovechar el desapego natural que experimenta el ser humano, para lograr hijos maduros e independientes, de no ser así, tanto la inmadurez como la mamitis en lugar de desaparecer o aminorarse se reforzarán ya que no se realizará el desapego de la figura materna, más si ésta prefiere tener a su “eterno bebé” a su lado.

Desafortunadamente, tanto inmaduros como los hombres con mamitis ni gozan sus relaciones amorosas con sus parejas, ni hacen felices a éstas, ya que están de cierta forma incapacitados emocionalmente para hacerlo, y cuando encuentran una pareja con quien sí funcionan es porque entran en relaciones tan codependientes que les refuerzan sus debilidades.

Tarea Kamasutra
Los nuevos kamasutras han adoptado variaciones de posturas más tradicionales o bien, de aquellas que se han convertido en clásicas gracias a los medios de comunicación.

Una de ellas es la conocida como la amazona invertida, que es una variante de la original amazona, postura en la cual la mujer está arriba de su compañero que yace acostado boca arriba. Las diferencias en ésta son que él flexiona las rodillas mientras ella, en lugar de colocarse de frente a su pareja, lo hace también de espaldas.

De igual modo, ella flexiona las rodillas para quedar sentada sobre la pelvis de su compañero apoyando pies y manos en el piso; de hecho, la postura se vuelve muy cómoda cuando los brazos se extienden un poco hacia atrás. De esta manera, se lleva a cabo la penetración.

Un elemento importante para que exista mayor goce sexual es que la mujer deje sus piernas juntas entre las de su compañero, esto provoca que se dé una presión más fuerte por lo estrecho de los muslos, lo que da mayor placer al varón. Para ella, el ángulo de entrada del pene facilita la estimulación del punto G.