No aprendes, o es mala suerte o algo haces mal, pero las cosas en el amor no salen como las sueñas, esperas una pareja compatible, pero terminas con el sentimiento hasta el tuétano por alguien totalmente diferente a lo que buscabas.

Cierto es que para aprender a conocer, expresar y manejar los sentimientos no hay escuelas o por lo menos no como las que conocemos para aprender matemáticas, pero si tomamos las relaciones amorosas como plataformas de aprendizaje, más allá de la experiencia simple, podemos encontrar una verdadera escuela para el amor.

Curiosamente, a pesar de que la experiencia debe servir al ser humano para aprender, muchas veces esto no ocurre y más bien nos sirve para empecinarnos en seguir haciendo las cosas mal, esto es porque, como dicen los sicólogos, no tomamos conciencia de las cosas que pasaron de manera profunda, sino superficial, es decir, una persona, por ejemplo, fue infiel, sabe que la consecuencia es que puede perder su relación y aun así, se la juega una vez o quizá más, en vez de reflexionar sobre por qué tiene esta conducta repetitiva, para superarla, ya que no le lleva más que a la constante inestabilidad emocional, trata de perfeccionar sus técnicas para no ser sorprendida.


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Los errores en el amor son parte de este proceso de aprendizaje, van más allá de evitarlos para no tener las mismas consecuencias, sino para reflexionar sobre el tipo de concesiones, acciones y límites que podemos tener, ya sean sanos o patológicos.

Vivir una relación misógina, para ambas partes, es reflejo de que algo no va bien. Evitar a los misóginos porque no queremos que nos hagan sufrir es la mitad del aprendizaje en estos amores, la otra mitad es descubrir por qué caímos ahí, cuáles eran las deficiencias que teníamos para engancharnos en este tipo de relaciones, acabar con ellas, buscar y lograr amores más sanos, placenteros e igualitarios.

Cada uno hace su propia escuela en el amor, y éste tiene muchas materias, desde cómo aprendemos y adaptamos nuestras propias técnicas de conquista, hasta cómo superamos un duelo sexual. Lo que es un hecho es que en el amor sólo aprendemos con ensayo y error, lo que para muchos genera frustración si es visto como un constante fracaso.

Y es que en el amor, el fracaso es tomado como lo peor que nos puede pasar porque es doloroso, defraudante y más aún, nos pone frente y casi desnudos a la crítica social. Sin embargo, la lección más poderosa que surge de los fracasos amorosos no es evitar enamorarse, sino aprender a superar el dolor, conocer las herramientas que nos lleven a saber lo que deseamos y necesitamos para mejorar como parejas y a elegir con más calma, con mayor responsabilidad y certeza a personas más adecuadas a nosotros y no a los ideales sociales que a veces no tiene que ver con nuestra funcionalidad como parejas.

El amor como escuela, dicen los especialistas, es una de las enseñanzas más grandes y profundas que puede tener el ser humano, ya que nos hace rebasar, para bien y para mal, los límites que el razonamiento nos impone, ajusta nuestros valores, nos encara con nuestras realidades profundas y nos permite conocernos interiormente, ya que este sentimiento no sólo se expresa en la pareja, sino por los padres, la familia, los amigos, la sociedad, la cultura, la religión y hasta por objetos e ideas.

Tarea Kamasutra

Algunas posturas que hoy conocemos son adaptaciones de posturas tradicionales que estaban planteadas en El kamasutra original. Una de ellas es la hoy conocida como Boogie donde la mujer tiene el mando de la cópula, pero definitivamente el varón es complacido.

Para llevarla a cabo es necesario que él se acueste sobre su espalda, con las piernas estiradas hacia el frente y la cabeza apoyada en un cojín. La mujer se coloca a horcajadas sobre la pareja, pero mirando hacia sus pies, mientras apoya las manos en el suelo para tener mejor apoyo.

La penetración se hace (y esto es lo que hace excitante la postura) sin la ayuda de las manos, sólo con los movimientos pélvicos de ella y el apoyo de la cadera de él, y para hacerlo más eficaz el varón puede guiar con sus manos las caderas de ella.

Evidentemente, esta posición requiere de práctica, estar relajados y algo de concentración. Lo más erótico que tiene es que el ángulo de penetración logra orgasmos más intensos en la mujer y un mejor punto de vista en el hombre, que puede disfrutar de ver esta variante de la penetración por detrás.