Esta pregunta nos la hacemos cada vez que nuestra razón nos aconseja tomar un curso de acción pero nuestras emociones nos impulsan en otra dirección: podemos estar tentados a tener una aventura amorosa aunque nuestra razón nos dice que sería una verdadera locura. Queremos tomar venganza pero sabemos que con ello sólo se perpetúa un círculo vicioso de violencia.

Cuando experimentamos estos dilemas pareciera que somos una especie de máquina que puede salirse fácilmente de control a pesar de aplicarle los frenos de la racionalidad. Entre otros pensadores le debemos esta manera de pensar a Freud, padre del psicoanálisis, cuyas ideas se han ido infiltrando en nuestra cultura de manera tal que no nos damos cuenta de que las hemos adoptado de manera acrítica.

La idea de impulsos y emociones como las fuerzas que están detrás de la conducta humana, fuerzas que han de estar continuamente contenidas en las personas y sociedades civilizadas, es una idea freudiana que goza de inmensa popularidad: es tan aceptada, que parece ser la manera natural de pensar que tenemos acerca de nosotros mismos.

El núcleo de esta idea es que todos tenemos una escasa veta de racionalidad que oculta fuerzas oscuras y misteriosas: la furia y lujuria del criminal y poderoso señor Hyde apenas contenida por el racional, decente y frágil Dr. Jeckyll. La idea es que los seres humanos estamos divididos, fragmentados y, como tales, sujetos de fácil control y manipulación.

La razón contra la emoción es una dimensión o construcción que las personas utilizamos para ordenar y darle sentido a nuestra experiencia.

Algunas dimensiones o constructos suelen provocar un estado de confusión acerca de nosotros mismos. Creo que la dimensión Razón vs. Emoción es, precisamente, una de esas construcciones. Veamos las razones.

Es un piropo, un halago, ser llamado racional. Es casi un insulto ser llamado irracional, emocional, emotivo. El polo razón es motivo de reverencia; el polo emoción es motivo de desprecio cuando no de condescendencia. La razón es la calma, la lógica, mientras que la emoción es animal, temperamental.

Las consecuencias del uso de esta dimensión van más allá de nuestra conflictiva experiencia personal y privada, es aplicada a más de la mitad de la población mundial: las mujeres y los niños, y a la mitad, sur, de continentes enteros. Las mujeres, los niños, los latinos, son o somos emocionales y, como tales, inferiores.

Esta dimensión es muy pobre dado que implica que los polos son mutuamente excluyentes. Si la razón y la emoción son polos opuestos puede haber un punto medio, pero no se pueden tener los dos al mismo tiempo. Esta dimensión no permite encontrar una lógica en la pasión. No la tiene, la pasión no es lógica, es psico-lógica.

Ahora bien, el funcionamiento del cerebro es global: trabaja a la manera de una gran orquesta sinfónica cuyo sonido es producto simultáneo tanto de los instrumentos que suenan, el pensamiento y el lenguaje en un momento dado, como de aquellos que guardan un activo silencio , las emociones en otro.

Cuando tratamos de encontrar un sentido a la forma en la que respondemos a los eventos nos preguntamos: ¿Qué pensamos, qué sentimos? Sin embargo , nuestros pensamientos y sentimientos ¿toman turnos para presentarse? No, son coexistentes.

Lo que argumento es que los sentimientos y los pensamientos son términos que han sido usados de manera errónea y artificial para dividir lo que es una totalidad: la experiencia psicológica humana.

Lo que argumento es que existen construcciones o dimensiones alternativas para comprender las emociones, más esclarecedoras y de menores consecuencias de dominancia genérica o política que serán expuestas en artículos futuros.

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