Luz Maria Davila, madre de dos jovenes asesinados en la mataza de Villas de Salvarcar en enero del 2010, llora al recordar lo sucedido.
Luz Maria Davila, madre de dos jovenes asesinados en la mataza de Villas de Salvarcar en enero del 2010, llora al recordar lo sucedido. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
CIUDAD JUAREZ.- El tiempo para Luz María Dávila García se ha detenido como una manera de aferrarse al recuerdo de sus dos únicos hijos.

José Luis Piña Dávila, de 16 años, y Marco Piña Dávila, de 19, fueron asesinados junto con otras 13 personas el 30 de enero del 2010, mientras celebraban el cumpleaños de uno de sus amigos, a unas cuantas casas de su hogar en la colonia Villas de Salvárcar.

"Todavía no me cae el 20", expresó Dávila García con voz entrecortada, mientras miraba fotos de sus hijos que guarda en un folder. "Algunas veces siento que (ellos) vendrán a la casa, pero cuando me doy cuenta que no, me siento como muerta".

La masacre en Villas de Salvárcar, cuyas víctimas incluyeron niños y estudiantes de preparatoria, le dio notoriedad a esta colonia del suroeste de Juárez por la brutalidad con la que se cometió.

La casa de Villas del Portal 1310 en Villas de Salvarcar, donde sucedió la masacre del 30 de enero de 2010
La casa de Villas del Portal 1310 en Villas de Salvarcar, donde sucedió la masacre del 30 de enero de 2010 (Jesus Alcazar / SomosFrontera)

Además causó que el ex Presidente Felipe Calderón visitara Juárez en varias ocasiones y lanzara un programa social en respuesta.

Han pasado tres años y, ahora, la vida parece tomar su rumbo habitual en Villas de Salvárcar, donde los vecinos pueden disfrutar de mejores parques y un complejo deportivo construido con fondos del programa.

Hace poco la casa donde el ataque ocurrió, localizada en el 1310 de la calle Villas del Portal, fue reabierta como un centro comunitario donde los vecinos pueden reunirse y tener talleres.

En tanto, los padres de los estudiantes que murieron siguen esperando a que se les haga justicia. Cuatro hombres ya están cumpliendo su condena por la masacre. Los padres aguardan a que un quinto hombre acusado de participar en el ataque, quien está bajo arraigo domiciliario, tenga su día en la corte y sea sentenciado.

Gloria Moreno, quien vive al lado de la vivienda donde la masacre ocurrió, recuerda a detalle la noche más horrible de su vida como lo describe como si fuera ayer.

"Escuché ruidos muy fuertes, como si cayeran láminas de metal, a gente gritando; luego silencio y pum, pum, pum", recordó Moreno.

Luz Maria Davila, madre de dos jovenes asesinados en la mataza de Villas de Salvarcar en enero del 2010, llora al recordar lo sucedido.
Luz Maria Davila, madre de dos jovenes asesinados en la mataza de Villas de Salvarcar en enero del 2010, llora al recordar lo sucedido. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)

Ella estaba en su casa poniendo a dormir a sus dos hijos pequeños y esperando a que su esposo se metiera a la cama, alrededor de las 11:30 p.m. Cinco minutos antes, dijo, su esposo había entrado a la casa luego de platicar con un vecino. "Si no se hubiera metido en ese momento, lo habrían matado", dijo.

Moreno corrió afuera para ver qué había ocurrido y encontró a gente tirada en el suelo, cubierta de sangre. Adentro de la casa, donde se celebraba el cumpleaños, era como una carnicería, describió.

"Pude reconocer a la gente por la ropa o los zapatos que traían puestos", dijo.

En la fiesta había docenas de personas, la mayoría estudiantes del Colegio de Bachilleres (Cobach) 9; la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) y del Centro de Bachillerato Industrial y de Servicios, (CBTIS) 128.

Las autoridades dijeron que una docena de sicarios llegaron en cuatro vehículos a la vivienda, se metieron a la fiesta y dispararon en contra de los asistentes, de acuerdo con archivos periodísticos.

La balacera se extendió a otras dos casas de enseguida, cuando algunos asistentes intentaron huir, agregan los archivos.

Luego de su arresto en julio del 2011, el líder de La Línea del Cártel de Juárez, José Antonio Acosta Hernández, alias "El Diego", admitió a la Policía Federal mexicana haber ordenado la masacre en Villas de Salvárcar porque en la fiesta había miembros de la banda Doble A (Artistas Asesinos) , considerada como el brazo ejecutor de la Gente Nueva, que apoya a Joaquín "El Chapo" Guzmán en Juárez, de acuerdo con los archivos periodísticos.

Benjamín Jimenez, un vecino de Villas de Salvarcar muestra la casa en donde sucedio la masacre de enero del 2010. Jimenez ha convertido esa casa en un
Benjamín Jimenez, un vecino de Villas de Salvarcar muestra la casa en donde sucedio la masacre de enero del 2010. Jimenez ha convertido esa casa en un pequeño centro comunitario

Acosta Hernández fue extraditado a Estados Unidos. En la actualidad, se encuentra cumpliendo una sentencia de 10 cadenas perpetuas en una prisión de máxima seguridad estadounidense luego de declararse culpable en abril pasado en El Paso del asesinato de tres personas ligadas al Consulado General de Estados Unidos en Juárez.

Los padres de las víctimas y los vecinos de Villas de Salvárcar han dicho que la masacre fue un error. Dijeron que en la fiesta no había miembros de la pandilla AA, sino jugadores de la Liga AA del equipo "Jaguares" de fútbol americano del CBTIS 128. Cinco de ellos que asistieron a la fiesta sobrevivieron y dos murieron, según los archivos.

"Eran buenos muchachos.

La vida en Villas de Salvarcar ha retornado a la normalidad despues de tres años de una de las peores matanzas ocurridas en Cd. Juarez en el 2010.
La vida en Villas de Salvarcar ha retornado a la normalidad despues de tres años de una de las peores matanzas ocurridas en Cd. Juarez en el 2010. (Jesus Alcazar / SomosFrontera)
 Ellos eran estudiantes y les gustaban los deportes", aseguró Rosario Montalvo, una vecina que dijo que conocía a la mayoría de los asistentes de la fiesta.

Entre las víctimas se encontraba Jaime Rosales, quien vivía enfrente de la casa atacada. Él se disponía a estacionar su automóvil en la cochera de su casa cuando los sicarios llegaron. Rosales fue baleado por la espalda cuando trató de sacar a su hijo de la fiesta.

"Soñé el otro día que Jaime y los otros venían como palomas y me decían te saluda la porra", dijo el hijo de Moreno, Héctor Javier Castañeda, de 12. Me dijeron que me iban a cuidar desde el cielo

La vida sigue su curso

Tres años han pasado desde la masacre y la vida en Villas de Salvárcar parece regresar a lo habitual.

La tarde del miércoles, varias vecinas de la calle Villas del Portal charlaban frente a la casa de Montalvo, donde tiene un bazar, y niños recorrían la calle en sus bicicletas. La tiendita de abarrotes en la esquina de las calles Villas del Portal y Villas del Sauzal estaba ocupada con clientes.

Para algunos, el sentido de normalidad regresó hace un año. Pero para Dávila García, esa sensación apenas es reciente.

"He tratado de vivir mi vida como antes, pero me ha sido muy difícil", dijo.

Dávila García dijo que ahora evita pasar por enfrente de la casa donde sus hijos fueron asesinados. Ella y su esposo dejaron de salir por las tardes de su hogar, ni siquiera para caminar en uno de los parques rehabilitados que, antes de la masacre, eran sólo pedazos de tierra.

Dávila García, en cierta manera, ayudó a mejorar la infraestructura de su colonia.

Burlando la seguridad presidencial, se dirigió a Calderón en un evento público durante una visita a Juárez, casi dos semanas después del ataque. Fue ella quien exigió al ex presidente que se disculpara de las declaraciones que había hecho con anterioridad en el sentido de que las víctimas eran miembros de pandillas de los cárteles de Sinaloa y Juárez y la rivalidad entre ellos había provocado el ataque.

"No le puedo decir que es bienvenido, porque para mí no lo es", le dijo Dávila a Calderón. "Quiero justica, no sólo para mis dos hijos, sino para el resto de los muchachos".

Calderón no se retractó de las declaraciones, pero dijo que entendía y se disculpó si los ofendió.

Un mes después, Calderón lanzó el programa federal Todos Somos Juárez, que en dos años inyectó $400 millones a la ciudad en un esfuerzo para reparar el tejido social.

Parte de ese dinero fue para financiar la infraestructura de Villas de Salvárcar los parques de la colonia fueron rehabilitados y un complejo deportivo, un campo de béisbol y una biblioteca comunitaria fueron construidos.

El programa también financió con $5 millones al mejoramiento de un campo de fútbol americano enseguida de CBTIS 128 en memoria de los estudiantes que murieron en la masacre, de acuerdo con archivos periodísticos. El campo fue inaugurado para finales del 2010.

Desde entonces, se ha convertido en un lugar de convivencia para los jóvenes que no estudian en CBTIS 128, como una manera de mantenerlos fuera de las calles, pese a alguna resistencia de los directivos de la preparatoria, dijo Adrián Cadena Jiménez, padre de Rodrigo Cadena Dávila, de 17 años y jugador del equipo "Jaguares", quien murió en el ataque.

"La ilusión de mi hijo fue tener un campo equipado y digno para jugar y su sueño se hizo realidad, desafortunadamente, después que murió", dijo.

El campo de fútbol fue la inspiración para que Cadena Jiménez, junto con otros padres de estudiantes que fueron asesinados, formaran "Jaguares Jóvenes de Bien, A.C.", una organización civil que realiza actividades para mantener el campo y talleres preventivos de drogas y de valores familiares a los jóvenes.

En la actualidad no hay otros proyectos para construir otros campos de fútbol o béisbol bajo Todos Somos Juárez, que aparentemente terminó junto con la administración de Calderón. El programa fue eliminado del presupuesto del gobierno federal para el 2013. Ahora, será responsabilidad del gobierno estatal mantenerlo vivo y financiar cualquier plan que quede pendiente de realizar.

Buscando maneras de sanar

La casa que atestiguó los asesinatos en Villas de Salvárcar se ha transformado de un lugar de muerte a uno de vida.

Cada semana desde septiembre, los vecinos se reúnen a tomar talleres de inglés, manualidades, elaboración de piñatas o clases dirigidas a los adultos mayores, impartidas por voluntarios y representantes del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) o de otras dependencias de gobierno.

También solían tomar clases de repostería hasta diciembre, cuando la estufa donde cocinaban sus pasteles tuvo que ser regresada a su dueño, dijo Benjamín Jiménez, quien coordina las clases y es el guardián de la casa.

Jiménez, quien también vive sobre la calle Villas del Portal, relató que habló con los vecinos, los padres de algunas de las víctimas y oficiales del INFONAVIT, que le pertenece la casa, sobre la idea de transformar la vivienda en un centro comunitario como una manera de sanar .

"Empezamos con nada, pero fuimos afortunados de encontrar a gente que nos prestó sillas y un par de mesas para trabajar", dijo. "Ahorita estoy tratando de construir una mesa con piezas de triplay que me encontré en la calle".

Poco a poco, Jiménez y otros voluntarios han remodelado la casa que, por más de dos años, estuvo desocupada. La casa aún tiene el color mostaza original en su exterior. Los 15 rosales plantados el año pasado para conmemorar las vidas de las víctimas en su diminuto jardín aún están allí, protegidas por pallets de madera que sirven como barandal.

Las manchas de sangre y los hoyos que dejaron las balas sobre las paredes luego de la masacre han desaparecido con una capa nueva de cemento y de pintura azul, rosa o crema.

La casa tiene ahora electricidad y agua entubada, pero no tiene gas. Tampoco tiene una cocina- ni electrodomésticos--, calefacción o aire acondicionado. Todavía tiene piso de cemento y algunas ventanas rotas que Jiménez no ha podido reparar.

Dijo que no puede recibir dinero del gobierno hasta que establezca una organización civil, lo cual le cuesta entre 12 mil y 14 mil pesos. Dijo mantener a su familia y a la casa con los 20 pesos por clase que recibe de los estudiantes.

Dávila García consideró como buena idea lo que ha hecho Jiménez, pese a que no ha podido ingresar a la casa para ver su remodelación desde la masacre.

"No puedo ir allí. Es muy emocional para mí", dijo. "Pero, quisiera verla con una capilla con las fotos de nuestros hijos".

Aún esperan justicia

Los papás de los estudiantes y atletas que murieron en la masacre dijeron que aún buscan justicia para sus seres queridos.

En la actualidad hay cuatro hombres que cumplen una sentencia de 240 años cada uno en una prisión estatal en Juárez. En julio pasado, José Dolores Arroyo Chavarría, Heriberto Martínez, Juan Alfredo Soto Arias y Aldo Fabio Hernández fueron encontrados culpables de los asesinatos de 15 personas y de la tentativa de homicidio de ocho.

Otro hombre, Israel Arzate Meléndez, ha sido acusado de participar en la masacre, peor no ha tenido su juicio todavía.

Él fue puesto bajo arresto domiciliario desde finales de septiembre, cuando fue transferido de un centro de detención de la Fiscalía General de Chihuahua en Juárez, donde se encontraba desde febrero del 2010, días después del ataque.

Arzate Meléndez ha declarado que supuestamente fue torturado para confesar que participó en los asesinatos.

De acuerdo con archivos periodísticos, Arzate Meléndez fue arrestado en un principio por robo de automóviles. Luego, las autoridades mexicanas lo implicaron en la masacre.

Arzate Meléndez declaró después a un juez que fue forzado a confesar, alegando que luego de ser detenido fue vendado de los ojos y llevado a un lugar desconocido donde varios soldados lo torturaron, según los archivos.

En agosto del 2010, la Comisión Nacional de Derechos Humanos concluyó que Arzate Meléndez había sido torturado. Y en octubre del año pasado, la Suprema Corte de Justicia tomó su caso. Aún no emite un fallo.

Los padres de las víctimas dijeron que Arzate Meléndez participó en la masacre y, por lo mismo, debe ser juzgado y encarcelado como los otros.

"Los testigos lo han identificado", dijo Dávila García. "Inclusive, su mamá (de Arzate Meléndez) me dijo que él había estado rondando por la colonia sin una justificación lógica para estar aquí".

Arzate Meléndez vive en la colonia Roma, localizada a varias vecindarios al noreste de Villas de Salvárcar.

Algunos padres dicen que Arzate Meléndez debe estar en la cárcel mientras emite su fallo la Suprema Corte, porque constituye un peligro para la sociedad.

El fin de semana pasado, se registró una balacera entre policías estatales que estaban cuidando la vivienda de Arzate Meléndez, donde éste cumple su arraigo. El incidente, que ocurrió a seis casas del hogar de Arzate Meléndez, no estuvo relacionado al caso Villas de Salvárcar, dijeron las autoridades.

Para Arcelia Medrano, madre de Juan Carlos Medrano, el juicio y encarcelamiento de Arzate Meléndez, es lo único que aliviaría el dolor que ha sufrido los últimos tres años.

Su hijo jugaba en el equipo de fútbol de los Jaguares y fue asesinado en la masacre.

"No me traerá a mi hijo de vuelta ni a los otras víctimas-- , pero me traerá paz el saber que este hombre no estará en la calle delinquiendo ni causando más dolor a otras familias", dijo.

Lorena Figueroa puede ser localizada en lfigueroa@elpasotimes.com; 546-6129